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martes, 12 de agosto de 2008

Azzurro

L'oro d'ell Azzurro - Joan Miró

Justo cuando entran los azzurri en el espectacular Nido de Pájaro de Pekín, oigo un avión a lo lejos que se acerca al aeropuerto de la Costa Brava. Acabo de tender la ropa y me voy en coche hasta el aeropuerto. Me da la sensación que me falta algo, pero al menos en la boda voy a estar bien elegante y no me olvido ni la chaqueta ni la camisa ni el cinturón ni los mocasines, que sea lo que Dios quiera.
El aeropuerto de la Costa Brava está a tope, hay unas colas interminables para facturar en cualquiera de los destinos posibles y se respira humanidad y tensión en el aire, a pesar del baño que me he dado hace poco tiempo en Figueres, ya estoy sudando como un pollo.
Allí ya está Itzi esperándome, tras facturar, pasar la zona de control de equipajes de mano, embarcar en el avión y sentarnos en nuestras butacas, coincidimos en que se nos ha tratado propiamente como a una piara.
Por suerte a 10.000 metros de altura parece que los ánimos de todos; pasajeros y tripulación, se calman y el vuelo hasta Forli pasa rápidamente entre conversaciones de puesta al día.
El aterrizaje es largamente aplaudido y en menos de cinco minutos estamos preguntando en el punto de información qué debemos hacer para llegar a Senigalia. El recibimiento de la chica del punto de información es tan cordial que me hace sentir como en casa. Lo mejor que podemos hacer es coger un taxi hasta la estación de trenes y después un tren con el que llegaremos a las once a Senigallia. Más fácil imposible, decidimos no alquilar una machina y un taxista de largo bigote y larga barba, que parece salido de un cómic de Astérix y Obélix nos lleva a la estación. El atardecer está llegando a su fin y para cuando entramos en el tren ya se ha hecho de noche.
El tren está casi lleno, pero encontramos un par de asientos libres en el primer vagón que entramos. Los pasajeros se dirigen a la playa, la mayoría gente joven que viene de la zona norte a pasar el fin de semana en el levante Adriático. Pasamos entre otros Rímini y Pésaro, y a las once de la noche nos apeamos en Senigallia donde nos viene a recoger en coche para llevarnos a Morro d’Alba.
Allí la mayoría ya ha llegado y casi han finiquitado la pizza. Por suerte han quedado unas porciones y unas cuantas Moretti pasan a formar parte de la historia inmediata. Estoy contento de estar aquí, de que haya llegado este día. Vania es la primera amiga de mi quinta que se casa, a las demás bodas a las que he ido las considero de la familia.
Ahora toca dormir, mañana será un día largo.
Ahhhh!! Que bien he dormido, a las 9 y media ya estoy dispuesto para la primerìssima colazzione dil giorno. El alberge es muy bueno, está situado en medio de un paraje de colinas onduladas que me recuerdan a la Toscana, lejos del mundanal ruido.
Pasamos unas buenas dos horas charlando con compañeros de Alex y Vania, en especial con Federico que nos hace una disertación sobre las consecuencias que acarrea en Italia llevar un doble catastro que discrimina entre lo rural y lo urbano, para digerir semejante charla me ha sido necesario beber unos cuantos zumos de sandia con manzana y de plátano con melocotón, un capuchino, un spresso ristretto, comer varios panini con queso fresco y mortadella, y unos bizcochos también caseros. Ufff, que llenazo!!!
Luego toca ir a darse un chapuzón a la playa. Vamos en coche hasta Ancona y después de Portonovo, nos metemos en una playa de piedras blancas a la que sólo se puede llegar andando. En frente un Adriático que está bastante furioso y detrás un acantilado cubierto de árboles. Para meterte al agua hay que ir con cuidado por que las olas sacuden con fuerza y puedes caer encima de las piedras que son del tamaño de pelotas de fútbol.
El baño me hace entrar hambre y sed. Bebemos unas cervezas y comemos algo rápido por que hay que comenzar a prepararse para la boda.
A mi me da tiempo de quedarme dormido mientras veo un partido de voley playa entre un par de países que ya no me acuerdo. Me visto y me doy cuenta de lo que se me ha olvidado: plancharme el cuello de la camisa... ya sabía yo...
Llegamos a la iglesia de San Fulgencio recientemente restaurada, por dentro es blanca y muy luminosa. Muy puntualmente llegan los novios y después de unas dos horitas de ceremonia litúrgica, arroz, fotos y felicitaciones, los novios abandonan Morro d’Alba para esperarnos en el hotel donde celebraremos el banquete.
Mientras esperamos el minibús que nos llevará hasta Senigallia, acabamos con las Moretti frías de la focacceria de la plaza mayor de Morro, vaya que cuando llegamos al hotel sólo nos da tiempo de beber unas copitas de cava y pasar a sentarnos en la mesa, cada una de las cuales lleva un nombre de una película, a mi mesa le han llamado “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, jeje, solo espero que no me pongan somníferos en el gazpacho.
La cena alterna alegremente la comida y la bebida con música, lectura de poemas y baile que hace que la digestión se haga menos pesada. El mejor plato: unos spaghetti con berberechos que hay que comerlos con la servilleta bien atada al cuello para que no manchen, y si eres muy italiano te los comes mientras bailas al son de un twist italiano, si no eres italiano, mejor quédate en tu sitio y admíralos, de lo más feliniano!!
La cena acaba y los calores hacen que muchos, cuando ya se ha ido la gente respetable, acabemos refrescándonos en la piscina, Vania empieza a llamarme como si fuera mi madre y me dice que ya es hora de que salga de la piscina me vaya Morro d’Alba. Bueno, salgo de la piscina raudo por que no quiero ni pensar qué es lo que pasaría si refunfuño a la novia en una noche tan especial. La propietaria del albergue y su novio me lleva en su coche al albergue y allí esperamos al resto de crapulines con los que deberemos saludar al nuevo día.
Entre pitos y flautas, se nos hacen las 10 de la mañana, los últimos hemos acabado escuchando chistes de Eugenio con el sol bien alto y las últimas cervezas.
Los últimos serán los primeros. A las 12 del medio día ya estoy despierto y unas cuantas chicas y yo nos vamos a la playa a comer algo. Coincidimos en que hay que hartarse de pasta antes de volver a casa. El hartón es tal, que tenemos que pedir unas doggi bags.
Prendi il trenino e puoi l’aereo. Auguri ed a presto!!! Buon ritorno ragazzi!!

lunes, 30 de junio de 2008

Pedals de Foc Non Stop Oro 2008 - Una Odisea en la montaña


Este último fin de semana de junio me tocaba la Pedals de Foc Nonstop, en su modalidad Oro.
Una carrera de orientación para bicicletas de montaña alrededor del parque Nacional de Aigües Tortes i Sant Maurici, con 220 kilómetros de recorrido de los cuales la mitad son en subida y, una vez finalizados, se llega a acumular cinco mil quinientos metros de ascensión vertical.
Existen tres modalidades para completar los 220 kilómetros: en un día “oro” o en dos días, para lo que puedes elegir hacer 150 km el primer día y 70 km el segundo dia: que es la modalidad “plata” o bien 105 km. el primer día y 115 km. el segundo, esa es la modalidad “bronce”.
La salida se hace desde Vielha a las 5 de la mañana. Para eso los corredores nos hemos tenido que levantar aproximadamente entre las cuatro menos cuarto y las cuatro y cuarto. Mi compañero de habitación, también oro, y yo nos hemos puesto el despertador a las cuatro menos cuarto. Se desayuna fuerte, el día va a ser duro y largo. El comedor del hotel a esa hora está lleno de corredores vestidos de luces y los nervios flotan en el aire. No es para menos.
Nada más empezar (con un foco frontal) desde el centro de Vielha hay que subir por una pista hasta incorporarse a la N-230 justo antes de meterse al tunel de Vielha. La primera en la frente que se dice, pero la haces tranquilamente. Una vez salimos del tunel ya no hace falta el foco, ha amanecido y pese a que todavía no nos calientan los rayos del sol se ve perfectamente y no hace falta más el frontal, allí alcanzo mi velocidad máxima de todo el día 67 km/h. Llegamos al Pantano de Senet, bordeándolo por su margen izquierda, el paisaje es precioso e inmejorable para empezar el día, el día promete. Seguimos bajando por el margen del Noguera Ribagorçana, cruzándolo varias veces hasta llegar a Vialler, momento para el primero de los 10 controles, es el pkm. 30 y ya llevamos dos horas pedaleando, pero te sabe a nada, todavía estás emocionado y ves a gente riendo e ilusionada. En todos los controles hay que parar obligatoriamente a firmar conforme has cumplido con el recorrido y si quieres puedes alimentarte, en este primer control tomo un zumo de naranja y un poco de chocolate.
A partir de ese momento empieza la fiesta. Coll de Seserreres es la segunda subida pero consideraré que es la primera que se hace notar, aunque todavía estamos frescos, justo después empieza la bajada hacia Llesp, de las más bonitas y cómodas de todas puesto que todavía tienes fuerzas para disfrutar de paisaje del Vall de Boí y del pedaleo, es uno de los momentos más felices del día, para mi, ya voy solo y he dejado detrás de mi un monton de escaladores que van a otro ritmo más tranquilo. La recompensa es enorme, toda la Vall de Boí solo para mi. A lo lejos, en una cota mucho más baja, veo un grupetto de cinco que bajan a tope. No obstante mientras estoy intentando leer el roadbook que hay que llevar obligatoriamente en el manillar de la bici, pierdo de vista la pista y casi estoy a punto de meterme en una rodada bastante peligrosa, cosa que hace que derrape y se me salten los pies de los pedales y me de un golpe con uno de los pedales en el tobillo izquierdo, por suerte no caigo pero el dolor me molestará más adelante.
Una vez en Llesp empieza el Camí de l’Aigua, camino técnico con bastantes tramos a pie. Eso me hace pensar que la Pedals de Foc no es sólo pistas comodas y que tiene tramos en los que vamos a sufrir y empujar entre barros y charcos de agua. Después viene la tercera subidita, al pueblito de Irgo, por pista de asfalto pero muy empinada, llegamos al segundo control, 9 de la mañana. Allí ya empiezo a comer fruta y el cuerpo me pide la primera de las muchas Cocacolas del día.
Acto seguido, bajada hacia Malpas y luego empezamos la subida a Coll de Peranera, Coll de Sas y Coll de Fades. En ese momento, cuando empiezas esta ascensión llevas 67 km. Empiezo la subida muy bien, pero poco a poco voy perdiendo ritmo, en una pequeña bajada que hay antes de llegar a Sas me pasa un tío y me pregunta: “¿Qué tal vas?” Y me sale del interior decirle, con otras palabras, que “comienzo a notar el cansancio”. Ya llevo seis horas y pico encima de la bici y sólo pensar lo que me queda me hace pasar una primera crisis.
Después llega el tercer control, diez y tres cuartos de la mañana aproximadamente. Allí el cuerpo me pide sólido y no puedo resistirme a un bocadillo de jamón con queso, Cocacola, plátanos, chocolate y aprovechar para poner un poco de aceite en la cadena, se me pasa la crisis.
Después, bajada hasta Mola d’Amunt para subir hasta Coll d’Oli, muy duro y largo. Además para rematar el último tramo subiendo a pie y equivocándonos unos cuantos participantes y yo debemos recular pocos metros pero cada metro cuenta a estas alturas. Además, la bajada es bastante técnica, varias veces pongo los pies en el suelo.
Justo cuando acaba esta bajada, llegamos a Torre de Cabdella, final del primer día para los Bronce, mañana ellos continuan a las cinco de la mañana. Allí, este es el cuarto control, no me apetece comer nada, aún y así relleno los depósitos de agua por que ahora, desde el pkm. 105, a unos 1080 metros de altura, hasta el pkm 121 viene el Coll del Triador a 2138 metros de altura. Aproximadamente dos horitas y pico de subida, un infierno que recorres a una velocidad de entre cinco y siete kilómetros por hora, en el que me pregunto por qué se llama así este puerto continuamente, sufro el primer delirio del día, el sol y el esfuerzo hacen que por mi cabeza pase una y otra vez el mismo nombre, Triador, Triador, Triador, hasta que acabo desvinculando la palabra del lugar, transformándola en un seguido de silabas que rondan mi cabeza constantemente como si se tratara del cri-cri de un grillo. En un momento de lucidez acabo pensando que Triador en catalán literalmente podria traducirse por Escogedor o en su defecto Seleccionador. Un seleccionador natural que ayudado de una fuerte y prolongada pendiente y un sol justiciero va ordenando, cual director de orquesta, quien pilla una pájara y quien no.
El termómetro no baja de los 30 grados en ningún momento, a mitad de subida ya me he bebido el litro y medio de agua que había repostado en Torre de Cabdella, así que no me queda más remedio que rellenar los bidones en un riachuelo que baja cargado de agua helada a riesgo de coger una cagalera. Pero la sed y el miedo a la deshidratación hace que me apetezca incluso beberme el agua de los charcos, asi que ¿Cómo no voy a beber de estos rios de aguas cristalinas ya lo suficientemente mineralizadas?
Allí, en el Triador, empiezas a ver las primeras pájaras, vómitos y caras de arrepentimiento. A mí, a pesar de todo, se me da especialmente bien. Con lo que no contaba es con lo que viene después de la coronación del Triador, donde encuentro el quinto control.
Durante el quinto control (14:30), en lo alto del Triador, mientras bebo un Danup y como un platano, veo lo que parece ser una interminable bajada, pero que en realidad es un falso llano, que visto desde arriba y con las ganas que tienes de bajar, me da la sensación de ser la superbajada del siglo.
Pero nada más alejado de la realidad, eso es un espejismo, los casi veinte kilómetros que quedan por delante hasta el sexto control sólo son trepidantes en su primer kilómetro, al girar hacia la izquierda, te quedas clavado y hay que quitar el plato grande y subir piñones. Se puede ir girando el plato mediano y jugando con los piñones superiores y así te da una satisfactoria sensación de ir tachando kilómetros. Pero cada vez, la pista se hace más y más empinada, además vas viendo que tarde o temprano se gira a la derecha y la pista sube en diagonal hasta los 2268 metros de altura a su paso por el Coll de la Portella (techo de la Pedals). Después de una rápida bajada, se sigue subiendo hasta el Coll de la Creu, donde está el sexto control. Alli empieza la bajada hasta Espot por la estación de esquí de Superespot.
La bajada es rapidísima, dura para las manos y los brazos, se sufre pero en poco rato estamos en el séptimo control de Espot, donde pasarán la noche los de la modalidad Plata. Llevamos 150 kilómetros y son las seis y pico de la tarde.
Una vez allí tomamos la carretera hasta Son, pasando por Jou, este tramo, a pesar de lo bónito que es la Vall de l’Aneu, es de los más aburridos de la carrera puesto que es por una carretera de asfalto bastante pesada. Lo comento al día siguiente en el desayuno y algunos me dicen que si se quita esa parte la única solución es ir por senderitos mucho más difíciles y lentos cosa que sería peor y más dificil.
En Son, me remojo por completo la cabeza en una fuente. A partir de allí empieza un sendero y una bajada por un camino de cabras en el que me sorprendo de cómo a esas alturas los reflejos pueden reaccionar todavía ante el peligro. Vamos a parar a la carretera que va al lado de la Bonaigua.
Afrontamos la última parte de la carrera, de los restantes 50 kilómetros treinta son casi todos seguidos en subida continua y los veinte últimos en bajada .
En Alós d’Isil me tomo un ibuprofeno de 600 mg esperando que mi rodilla derecha, que me ha empezado a molestar en Espot, mejore un poco. Además refresco mis piernas en la fuente. Parece que el frío me va bien para la rodilla. Cuando más sufro es cuando tengo que levantar el culo del sillín. Levantar el culo del sillín no es síntoma de debilidad como suelen comentar algunos periodistas iluminados, es un cambio de postura básico que sirve para aumentar la velocidad y para aliviar el roce inevitable que produce el sillín, pero que hace sufrir más al corazón.
Empieza les Bordes d’Isil que es un camino que va bordeando el Noguera Pallaresa, que baja rugiendo lleno de agua y con un poco de viento en contra.
Después de un tramo de sube y baja bastante trepidante, llegamos al refugio de Montgarri. Firmar, Cocacola y a la bici. Todavía quedan subidas fuertes hasta el Pla de Beret. Subidas en la que ya empiezo a estar harto, especialmente en Pla de Beret. De plano no tiene nada y encima hay cientos de vacas y cavallos pastando felices que nos miran con cara de incertidumbre y nos mugen y relinchan sin parar. Este es mi segundo delirio del día, deben de preguntarnos “¿Qué hacéis infelices? ¿Dónde creéis que os lleva esta forma de vida? Miradnos, nosotros/as si que somos felices, no tenemos que preocuparnos ni de de alimentar a nuestras terneras o potrillos puesto que todo este prado, en el que vuestra élite viene a pasar el invierno, es nuestro de mayo a octubre, momento en el que nos refugiamos en una granja… Siii, para que nos manden al matadero, pero si hay algo seguro amigo ciclista es que ningún ser vivo se libra del matadero”
Después de este delirante ataque de envidia que me ha dado al ver como viven las vacas y los caballos toca bajar. Aún quedan unas cuantas putadas, escaleras, piedras y algo de barro. Pero empieza a oler a Vielha. Incluso hay un tramo en el que pongo el plato grade y empiezo a rodar como un campeón junto con tres tíos más.
En la meta están estos tres ciclistas que han llegado unos segundos antes que yo y los controladores, no hay aplausos ni periodistas en la meta. Doy mi número de participante, 268, que me ha acompañado durante toda la aventura. Son más de las nueve y media y seguidamente me voy al hotel, a escasos 200 metros de la meta, me dicen que he quedado entre el nº 70 y el 80, muchos animales en la pedals de foc.
Dejo la bici y me ducho. Me visto, y una vez en el comedor, ceno acompañado de otros ciclistas con los que explicamos anecdotas e intercambiamos impresiones con una merecida cerveza en mano. Mientras, reviso el cuenta kilómetros: 15:20 horas pedaleando sólo 1:30 horas parado. Algunos tambien han padecido delirios, uno me comenta que cada curva y cada prado le parecia el mismo, que tenía la impresión de haber entrado en un ciclo sin salida.
Cuesta dormir después de semejante tute, tienes sueños raros y el corazón late con demasiada fuerza. Son más de dos litros de coca cola y dos más de bebidas tonificantes. Amén de casi ocho litros de agua.
Al día sigiente a las ocho ya estoy con los ojos como platos y unas ganas de desayunar brutales.
Ahora ya ha pasado todo. El dolor en la rodilla persiste, pero se puede soportar. Sólo queda volver a casa.

jueves, 10 de enero de 2008

Vuelta a empezar(II) - Atenas

Atenas desde la Akropolis

Lo primero que vimos al llegar a Grecia fué el aeropuerto de Atenas. Llegamos a las once de la noche de allí y tuvimos que esperar la maleta de mi hermano, en la que yo llevaba todas mis cosas. El aeropuerto de Atenas es como cualquier otro, nada de especial, salvo los carácteres griegos, en lo demá es como todos. A la salida, un montón de taxis esperaban llevar a todos los recién llegados a sus destinos. Cabe decir que la cola que había que hacer para coger un taxi era más civilizada y ordenada de lo que me esperaba. A pesar de lo larga que era la cola no supuso mucho tiempo de espera.

El taxista que nos condujo a la ciudad iba vestido con chaqueta y una especie de bufanda sin anudar al cuello. Yo me sente de copiloto y mis padres y mi hermano en los asientos de atrás. El taxista hablaba un poco de inglés y nos iba comentando algunos pequeñas curiosidades de la ciudad. Mis padres le comentaron que ellos ya habían visitado la ciudad hacía 30 años, a lo que el taxista respondió con un poco de pena: "all was much better then". Mientras nos conducía por la autopista que lleva a la ciudad, a esas horas ya vacía, sonaba en la radio del coche música griega tanto instrumental como cantada. Casi todos los taxistas atenienses llevan la misma emisora, ahora no recuerdo el nombre que aparecía en las pantallas de las radios, pero creo que era Anthena, supongo que será una especie de Radio Olé pero de floclore griego.
Al llegar al hotel, ya a media noche pasada, nos entregaron las llaves de las habitaciones y preguntamos por algún sitio donde fuese posible cenar. Nos dimos cuenta que verdaderamente el espíritu mediterraneo existe puesto que a la una de la nche es posible cenar tranquilamente y la gente está empezando la noche. El ambiente nocturno de la zona de Placa no difiere mucho del que se pueda encontrar en Chueca o Ciutat Vella.
La comida es buena, aunque, claro, comer todos los días fuera de casa al final acaba cansando. Las ensaladas suelen tener muy buena presencia y casi siempre se añade queso fresco o feta, que es un poco más curado, la fruta es de primera calidad y la suelen incluir en todos los postres de menus, luego dominan todas las carnes, con especial predilección por las de cordero y cerdo, un poco más especiados que lo que estamos acostumbrados aquí y a veces cubiertas con salsa de yogurt. Aunque los pescados al horno también los dominan muy bien, doradas, lubinas, pescadito frito, chipirones...
En cuanto a la ciudad, sorpende lo extensa que es, desde el monte del Akropolis, se puede ver como la ciudad se estiende por los cuatro puntos cardinales hasta donde alcanza la vista o las montañas y el mar lo permitan.
Es curioso pasear por las calles de la parte más moderna de la ciudad, si uno se despista un poco tendrá la sensación de estar en una ciudad que tiene algo de familiar o ya visto. A parte los atenienses tienen un aspecto muy parecido a todos los europeos del sur y en mi opienion visten más parecido a los españoles que no a los italianos.
En cuanto a la parte histórica de la ciudad, principalmente el barrio de Placa está plagado de tiendecitas de toda índole, restaurantes, algunos muy auténticos, otros más estilosos y ruinas griegas, el Ágora fué descubierto en los años 30 cuando se disponían a realizar las obras del metro y se tuvo que derruir unos 400 edificios para proceder al desentierro de las ruinas.

También es recomendable la visita al Museo Arqueológico donde se encuentra una máginfica colección de escultura y de cerámicas.

Merece la pena madrugar uno de los días para llegar a Delfos. Se tarda unas tres horas en llegar en autocar, con guía turística que vaya explicando un poco la historia del lugar. El problema es que la guía te explique las cosas de buena mañana cuando te apetece dar una cabezada en el autocar. En Delfos te das cuanta que el invento de la televisión es relativamente nuevo, pero que el próposito es el mismo que hacía 3500 años: tener acojonada a la gente. Delfos es un sitio al que los habitantes de la Grecia antigua acudian a oir el oraculo sobre su vida. A cambio de una donación podías saber si tu cosecha sería optima dependiendo del mes en que hicieses la recolecta. Me imagino que cuanto más buena fuese la donación mejor se expresaría el oraculo. Lo curioso del oraculo es que los transcriptores de los sonidos lo escrivían en griego, pero sin puntuar, lo que daba pié a multiples interpretaciones de una frase, por ejemplo: "Este año grandes cosechas no sequías". ¿En que quedamos Oraculo? Bueno, para rentabilizar el tema del oraculo, ya en aquel tiempo se podía entretener bien, con el teatro, bien con carreras en el estadio... Debía ser como Las Vegas de hoy en día, sólo que cambiando el oraculo por los dados.

Delfos es uno de los 200 mil sitios que se ha considerado el centro del universo. Otros grandes lugares que sus autoctonos han considerado el centro del mundo: Rapa Nui, Paris, Nueva York, Getafe... A la vuelta paramos en la ciudad de Arajova que es un pueblecito de montaña, cuyo patrón es San Jorge. El 23 de abril, día del patrón, se celebra una tradición que consiste en que los hombres mayores de la ciudad suben corriendo unas escaleras (un montón, las vimos desde el autocar y nos dolieron a todos las rodillas) y el que llega primero puede besar a todas las arajovenses que quiera.

Otro día visitamos el Cabo Sunión, desde donde se suicidó el rey Egeo (de ahí el nombre del mar Egeo). Por lo visto su hijo, Teseo, fué a luchar contra el Minotauro de Creta para liberar a los atenienses del tributo anual de 7 chicos y siete chicas a sus enemigos los malísimos cretenses. El caso es que a Teseo se le olvidó arriar las velas de color negro (señal de que Teseo habría muerto en la lucha contra el Minotauro) con las que partío hacia Creta. Cuando hizó las blancas su padre, Egeo, ya se había tirado desde lo alto del acantilado hacia el mar. Suopongo que antes el acantilado debía de ser un poco más empinado por que yo calculé que antes de caer al agua te dabas varias veces con las rocas y eso resulta menos legendario.

Cabo Sunión: Díficil practicar la caida libre hoy en día


Bueno la moraleja de esta leyenda: navega con velas blancas y lleva siempre radio para comunicarte con la autoridad portuaria.

Templo de Poseidón


Allí, en Sunión se encuentra el templo de Poseidón, que es el que sale en los yogurts griegos de Danone, (curiosidad: en el yogurt griego de Carrefour aparece Santorini). Aproximadamente se tarda una hora y pico en llegar allí, se circula por una carretera con muchas curvas pero de dos carriles por dirección, no muy transitada y con bastante presencia de ciclistas a pesar del viento que soplaba. Nos imaginamos que esa misma carretera debe ser un infierno un domingo por la tarde de verano con todos los miles y miles de atenienses volviendo a Atenas después de pasar un fin de semana en la playa. Pero vaya, nada que envidiar a la Costa Brava.

A la vuelta de Sunión, hicimos parar al conductor del autobús antes del desvio hacia el centro de Atenas para que nos apearamos cerca de Mikro Limanos, Puerto Pequeño, donde nos comimos una fenomenal Dorada al horno.

Y nos volvimos por el mismo lado que vinimos, por el aeropuerto. Pero por la mañana. Así que pudimos ver algunos de los montes nevados que sobresalían de las nubes donde probablemente esquiaban los vecinos de Arajova.

miércoles, 9 de enero de 2008

Vuelta a empezar (I)

El hombre
Un año más que queda para la historia.

Hacía mucho que no escribía, pero eso se debe a que me he dado unos días de vacaciones. Feliz año a todos, por cierto. Espero que lleno de paz, salud, amor y mucha pasta.
Desde la última entrada estuve bastante ocupado con el trabajo y mirando hacia atrás, me sorprende que no haya pasado ni un mes desde la última entrada (14 de diciembre) relativa a la visita de mis padres durante el puente de la Constitución. De ese día hasta hoy han pasado tantas cosas y he estado en tantos sitios que parece que haya pasado una eternidad.

Os lo resumo para aquellos que tengais la suerte de poder leer tranquilamente durante un rato.

El viernes 21 después de una de las multiples comidas de empresa de navidad que se celebran, cogí el coche, con la bicicleta a cuestas, y me largué con viento fresco (hacía frío) hacia Ezcaray. Allí me esperaba mi tío Víctor con Maras para hacer unos cuantos kilometros con la bici. Podeís investigar su punto de vista sobre mi visita en http://kabanova.blogspot.com/ (entrada de 23 de diciembre de 2007).
En la Rioja me ha dado tiempo de ver a toda la gente sin excepción, abuela, abuelo,Silvia (que me ha llenado el maletero hasta los topes, Elena, Víctor, Maras, Manu, Natalia, Enea, Ikiko, Ester, Ester madre, Carlos, Luis, Zeta, osea, un no parar brutal combinado con partido de paddle, Karts, bolos, comidas a tutiplen y bici. Me fastidié un poco la rodilla (por la parte de atrás) y he estado cascado durante todas las vacaciones. Al menos no ha sido una lesión que me haya impedido montar en bici, pero para subir escaleras si que era un poco incómodo.


Muy poca mesa para tanta comida

Bueno, en total durante los tres días que estuve por la Rioja hice unos 125 kilómetros que sirvieron de penitencia para ganarme las comilonas que me metí entre pecho y espalda. Así que estuve inmerso en un círculo pecaminoso.
A nuestra vuelta a Madrid el mismo día de Navidad, mi hermano y yo hicimos una breve salida por Lavapiés con unos amigos de Pozuelo: Rober, Fer, Sara, Dani... El panorama en Lavapìés era el habitual: el vuelo de la litrona combinado con la estampida repentina se ha convertido en el deporte autóctono del barrio y el entretenimiento de los visitantes como nosotros que nos sentábamos en los bancos obserbando el espectáculo. Sociológicamente debe de ser muy curioso ver como en sitios tan lejanos como el Raval y Lavapiés se ha desarrollado el mismo deporte, supongo que es causa de la globalización.

Al día siguiente nos fuimos volando a Grecia. Pero eso lo explicaré en otra entrada. Que pondré mañana.

Navidad con los Molinos del León Dormido

lunes, 29 de octubre de 2007

Bristol Rocks


Cuando empiezas unas vacaciones sabes que por desgracia, el tiempo pasará muy deprisa y que se acabararán. Te dices: "Que bién! Mañana a estas horas estaré volando y dentro de dos dias a la misma hora estaré paseando por (donde sea)", pero eso inevitablemente te lleva a concluir con "dentro de tantos días estaré de vuelta en casa, oficina...". Por eso tienes que preparar todo para que cuando vuelvas a casa no te encuentres ninguna sorpesa y puedas continuar tu vida de la mejor manera.

Antes de partir rumbo a Girona en coche, acabo de preparar la maleta y me cercioro de que gas, agua y luces estén corectamente desconectados.


Ascensor, coche, peaje, autopista, peaje, parking, peaje y facturo. En menos de una hora estoy en el avión de Ryanair, rodeado de familias con muchos niños pequeños que acaban sus vacaciones, ellos vuelven a sus hogares, han hecho las últimas compras en el duty free. La mayoría para comprar M&M's y chocolatinas. Otros, como yo, compran vinos y aceites que demuestren a sus amigos que han estado en la tierra del sol.


El avión está lleno hasta la bandera. A mi lado tengo una señora que pesará 100 kg o más con su niña que no para de moverse y de hacer guerras de muñecos con los niños de las familias sentadas en las filas posteriores y anteriores. Intento leer y mirar por la ventana. Al cabo de poco rato ya estoy sacando libras en un cajero del aeropuerto de Bristol. Tomo el autobós 331 que me lleva a la estación de autobuses y llamo a mi hermano para que esté preparado. El autobús se abre camino por una carretera en la que de vez en cuando aparecen las Public Houses o Pubs de nombres como The White Hart o The Cross Hands, enmoquetados, con sus billares, pantallas de televisión emitiendo partidos del deporte que sea y decenas de grifos de cerveza de todos los colores.

Javi está esperando en la estación como dios manda. Hacía tiempo que no lo veia. Vamos andando hasta su casa. Un paseo de 10 o 15 minutos por las calles de Jamaica Street y Gloucester Road. Ya es la hora de cenar y después de dejar la maleta. Paula, Javi y yo vamos a cenar a un indio. Después nos bebemos unas pintas y jugamos al snooker con un inglés de gafas redondas y pelo canoso que nos vapulea modestamente a los tres. Es su pub i debe de conocer al bartender perfectamente por que con solo enseñarle un billete de diez libras le sirven una pinta de su cerveza predilecta y un buen chupito de ginebra.

Volvemos a casa y Javi no me deja acostar sin antes haber probado uno de los rones que ha traído de cuba. Estoy ya tan cansado que ni siento ni padezco.

Al día siguiente, Paula se tiene que despertar para ir al trabajo y aprovecho para desperezarme, ducharme y despertar a Javi prometiendole invitar a desayunar en plan inglés. Salchichas, bacon, huevos, judias con tomate... Los he probado mejores.

Damos un paseo por la ciudad, el día es terriblemente gris y frio, invita a quedarse en un pub gastando el dinero en snooker y una buena pinta de Guiness antes de ir a comer a casa.

Ya por la tarde llegan los padres. Es el cumpleaños de mi padre y después de recogerlos en el hotel nos vamos todos a cenar a un restaurante donde nos sirven una buena cena de mariscos y pescado. A pesar del frío los chavales ingleses salen en mangas de camisa y las chicas en minifalda con escotes de vertigo, vaya machotes. Se les puede ver a todos fumando fuera de los pubs. Parece que aquí se toman más en serio lo de acatar la ley anti tabaquismo.


Volvemos a casa, yo estoy agotado y me quedo dormido al instante a pesar que mi madre esta visitando la casa donde vive mi hermano. Una casa grande con cinco habitaciones, un salón grande, una cocina, un cuarto de baño y un aseo. Todo a compartir entre siete personas, cuatro ingleses, una yankee, un catalán y una gallega, parece de chiste.


Al día siguiente mi hermano trabaja y voy´al hotel de mis padres para desayunar con ellos. Otra vez the trad english breakfast. Luego nos damos una vuelta larga a buena parte de la ciudad, visitamos la Abadía de Bristol, de estilo gótico aunque con vidrieras de los años cincuenta, luego subimos a lo más alto del parque mientras mi madre me habla sobre la última visita que ella y mi padre hicieron hace escaso tiempo a Washington DC.



Después del largo paseo esperamos a mi hermano a la salida de su trabajo, el restaurante Gourmet Burger Kitchen, especializado en hamburguesas de todo tipo, de ternera, cerdo, reno... Para variar de temática vamos a un restaurante a comer hamburguesas cerca del río Avon. Después vamos a descansar un rato a la habitación del hotel donde se hospedan los padres. Les han dado una cama en la que caben más de tres personas. Allí vemos durante un rato un partido de rugby que televisan por la tele.

Luego vamos a cenar a un restaurante llamado The Loch Fyne, especializado en marisco y pescado, donde nos atiende una chica con acento raro que dice ser de Londres vete tu a saber, igual habla con acento del barrio bajero del West End o quizás es una primera clase de Chelsea, ¿quien sabe? Se llama Sophia, lo importante es que no ha dejado de sonreir en todo el rato y nos cae muy bien, así que le dejamos una buena propina.


The Loch Fyne

Javi y yo acompañamos a los padres al Marriot y luego nos dirigimos a un garito a ver unos conciertos. Pincha el DJ de los Masive Attack y luego hay varios conciertos en vivo. No nos quedamos mucho rato por que al día siguiente toca madrugar para ir a la ciudad de Bath.
Sábado por la mañana. ¿Que os había dicho? El tiempo pasa volando. Y ya estamos en el tren camino a Bath. Mis padres estan aconsejando a mi hermano sobre cómo afrontar una posible entrevista de trabajo que va a tener dentro de poco en Londres. Mientras, cotilleo la conversación de un tío que llevo sentado detrás de mí en el tren, a pesar de costarme bastante seguir el hilo de toda la conversación capto varias palabras clave: " Rugby, match, Bath, Leicester, kickoff at 2:15, see you for some pints afterwards". Para asegurarme de haber entendido lo que ha dicho, le pregunto si lo que he entendido es cierto. Me dice que hay un partido de copa ese mismo día y que seguramente pueda encontrar entradas en la taquilla.
Nada más bajar del tren nos dirigimos al campo de rugby, que está en el mismo centro de la ciudad en medio de un campo de cesped enorme. Sólo han necesitado plantar los palos y rodear el campo de gradas.

Abadía de Bath

Un paseo por la ciudad, (fundada por los romanos, aproximadamente 50 años a.C.) nos da la idea de una autentica ciudad inglesa con el 70% de la población vestida con camisetas de rugby de equipos de todos los lugares: Munster, Leicester, Cardiff y por supuesto Bath. Entramos a la abadía de Bath, de estilo gótico flamífero o tardío. Ocupamos nuestras butacas en una de las gradas laterales cerca de la línea de 5 metros de una de las porterias. Los del Leicester están calentando a base de choques justo allí con unos sacos.



Interior de la Abadía de Bath
El campo es pequeño, pero está lleno de personas, aproximadamente unas 10.000 a base de 30 libras por persona. suman como mínimo unas 300.000 libras de ingresos sólo en concepto de entradas, no hablemos de derechos televisivos ni derechos de venta de cervezas ni entradas de VIP o Sponsors o ventas de camisetas, gorras... Fácil unos ingresos superiores a las 700.000 libras en un partido, aproximadamente 1.000.000 de euros. En Inglaterra el Rugby es un negocio. Bath Rugby es un equipo con casi 150 años de historia e ir a ver un partido suyo un sábado o domingo por la tarde es casi tan tradicional cómo ir a misa o a tomar unas pintas, si puede ser todo a la vez mejor.

900 kgs contra 900 kgs


Por la tarde volvemos a Bristol. Nos acercamos al Suspension Bridge. Otra muestra de la revolución Industrial, (así como la estación de trenes de Temple Meads). Suspension Bridge es un impresionante puente colgante construido con piedras y grandes tornillos de hierro y una curiosa estructura de mecano tamaño King Size, tiene un carril por sentido y se inauguró en 1864 , casi la misma fecha en la que el Bath Rugby Club dió su primera patada a un balón ovalado.


The Suspension Bridge


De allí descendemos por el barrio de Clifton maravillados por las casas estilo Mary Poppins de ese barrio. La alta burguesia domina al proletariado de Bristol desde las alturas.

Después de una cena, esta vez de carnes, volvemos a casa a descansar.

Ya es domingo y nada más abrir los ojos me acuerdo que ya se acabó el fin de semana.

Desyauno, paseo, snooker, burguer, pints, airport.

En Girona, curiosamente, hace más frio que en Bristol.

lunes, 15 de octubre de 2007

Girona - Madrid - Girona



Este fin de semana he estado fuera. En Madrid.

Aterricé en la T2 de barajas donde me vino a buscar Miguel Aragoneses, mi ex-banquero. Después de tomarnos unas cañas por la zona de Conde Duque, en la plaza de Guardianes de Corps y, más tarde y después de un buen paseo, en la Plaza de la Paja (La Latina), para luego acabar en la Braseria el Gaucho que está en la calle de Tetuán (cerca del Oso y el Madroño), es altamente recomendable y ya se ha establecido como una especie de tradición entre los compañeros de la universidad.

A la cena acudieron Miguel, Topo, Gema y yo. Faltaba Javi que se quedó dormidito hasta las 23 pm. La noche del jueves debió de ser dura para tener que recuperar fuerzas con semejante siesta.

Después de unas copas a dormirla a casa que al día siguiente hay que madrugar. Viaje fugaz a Toledo. Paseo por el casco antiguo que está plagado de turistas de todos lados, parece las Ramblas de Barcelona, aunque aquí hay más subidas y bajadas. Vemos el Entierro del Conde de Orgaz en la Iglesia de Santo Tomé, que está atiborrada de gente y de visitas guiadas que hablan en alemán, en francés etc.

Vamos a comer un poco de comida castellana, rabo de toro, perdiz en escabeche, huevos revueltos... lo típico.

Después de admirar la ciudad desde el otro lado del tajo volvemos a casa con ganas de pillar la horizontal, entre el madrugón, la resaca, el papeo y la pateda estoy destrozado.

Me da tiempo de dormir un rato antes de ver Francia Inglaterra, en el Irish Rover de Avenida Brasil. El pub está a rebentar de ingleses y de franceses. Hay bastante ambiente, pero no es muy comodo. Vemos el partido de pié. No resulta un encuentro muy emocionante salvo los últimos minutos de la segunda parte en los que Francia intenta a la desesperada hacer un ensayo. Inglaterra acaba anteponiendose por golpes de castigo y por haber sabido aprovechar mejor las pocas oportunidades que ha tenido.


El domingo visitamos el Lhardy, el restaurante en activo más antiguo de España, de 1839. Situado en la Carrera de San Jerónimo, cerca de Puerta de Sol, es uno de los lugares más emblemáticos de Madrid en general. Yo no lo había visitado nunca. Eso si había pasado por delante del restaurante infinidad de veces. La fachada del restaurante no llama mucho la atención. Pero lo que cuenta es el interior. Para acceder al restaurante se deben de subir unas escaleras desde la trastienda, que llevan al piso de arriba donde se encuentran los seis comedores del restaurante. A nosotros nos situan en el comedor Tamberlick, con capacidad para seis personas. Hay otros comedares más con una decoración que te lleva a otros tiempos, con paredes tapizadas con cuero negro tallado y grandes candelabros con velas rojas y lámparas de araña colgadas en los techos.

El menú es muy simple: Cocido Madrileño (sopa, garbanzos, verdura, carne) y souflé de postre.

Salimos rodando en dirección al aeropuerto y en poco rato estoy volando rumbo a Girona dando cabezadas. Una vez en Girona, la Renfe llega con retraso y tardo mucho más en recorrer los 40 kilómetros que separan Girona de Figueras que los 700 que separan Madrid de Girona.

Ya de noche tengo tiempo de ver el Argentina, República de Surafrica, en la que la lógica se impone a todo tipo de sorpresas.

viernes, 25 de mayo de 2007

All way up to Essen










Este fin de semana he estado en Alemanía. El caso es que acompañé a mi colega Raoul a Werden-Essen en su Defender-Destructor (1500 km desde barcelona, 15 horas apretando el acelaerador). Es un pueblo pequeño a orillas del Ruhr. Salimos el viernes a las 18.00 de Barcelona con el sol pegando fuerte hartos de la humedad mediterranea. Empecé a conducir yo. La Jonquera, Roussillon, Perpignan, Montpellier, Nimes, Valence, Lyon, Dijon, Besançon, Mulhouse (aquí ya me quedé dormido) y luego ya se pasa a Alemania donde los nombres de las ciudades son un poco más complicados de escribir, pero más poéticos, como el de la foto: Bergstrasse, que significa "Caminolmonte", como se observará no tiene ni punto de comparación. El caso es que llegamos a la zona de Koln, Düsseldorf, Essen, Leverkusen, Dortmund, Wuppertal y tantísimas otras medianas ciudades (ninguna sobrepasa los 750.000 habitantes) pero que conforman una de las zonas más densas del planeta. Sin embargo la densidad de población no está reñida con la masa forestal y dar un paseo al rededor de esas poblaciones puede ser comparable a una tarde en la Sierra de Madrid. Aire puro.

Una vez en Essen me sentía como la primera vez que cruce de vuelta a España el Atlántico, auténtico Jet Lag. No saber ni en que hora ni que día se vive. Llegamos a las 9, me había despertado a las 6, normalmente me despierto a las 8, así que tenía el cuerpo como si fuese medio día. Después de un buen desayuno, intenté descansar en el sofá de la buhardilla donde los Farer esperan mientras llega el día D de su vida para trasladar su existencia a North Carolina. Intentar descansar en un hogar donde viven dos bebés junto con sus padres (que no se ven más que de pascuas a ramos) debe ser equiparable a haber pretendido tomar el sol en la playa de Dunkerke el día 6 de junio de 1944. El pequeño Luc, de tan solo 3 añitos, domina a la perfección la tortura china consistente en despertar al que está en fase de adormilamiento ligero, es decir propinar un chillido "esgarrifoso" en el pabellón auricular justo cuando empiezas a quedarte dormido... que lindo el nene, repitió dicha tortura unas tres veces en casi media hora. Más tarde fuimos al parque, para jugar con los niños, yo me quedé dormido y tirado en la arena cual colilla de cigarro hasta que el sol empezó a chamuscar las pocas neuronas sanas y salvas de mi desorientado cerebro. Helado de nueces, nata y chocolate. Luego una pinta en la plaza central de Essen en una terracita y vuelta a Werden para cenar con los Farer. Pasta al Pesto for ever. Wiskis y a la piltra. Por fin.

La misma canción se repite una y otra vez en mi sueño, John Wayne cabalga sin dejar respirar a un pobre potro al que mata de cansancio mientras una niña suplica que John de una tregua al pequeño potro. Luc, Lya, Sabinne y Raoul llevan despiertos hace mucho rato. Los niños juegan con un aparato que reproduce canciones del Far West. Ya es domingo. Al menos he podido dormir ocho horas, no está nada mal. Hoy toca correr con el matrimonio, con Raoul ya he corrido otras veces pero con Sabinne es la primera vez. Vaya campeona. Hemos corrido 10 kilómetros a un ritmo muy conservador. Los cinco primeros no he tenido problemas, pero los cinco últimos han sido más complicados. Por supuesto Raoul no se despegado de su mujer y yo también he mantenido el ritmo de Sabinne para ir charlando tranquilamente con ambos. Al final Sabinne ha dicho que para nosotros había sido un paseo, intentándose quitar mérito. Pero 10.000 metros son 10.000 metros, ningún paseo colega!! Además Raoul me ha retado (después de "estrecharnos") a un sprint a casa de sus padres sólo para ver hasta cuanto le subian sus pulsaciones con el reloj pulsador que le han regalado sus excompañréis de la fábrica de Parets. 176 pulsaciones por minuto. No está mal para lo viejo que está, jeje!! Siempre me dice lo mismo: "cuando tengas 35 y dos hijos me llamas para ver que tiempo haces en los 10.000", y tiene toda la razón.
De propina, desayuno alemán en casa de los padres de Raoul. Los desayunos alemanes distan de ser frugales, en la mesa podemos encontrar quesos, embutidos, vegetales, huevos revueltos y duros, mermeladas, varios tipos de pan, mantequilla, ensaladas de tomate y mozzarella, pastas de hojaldre, zumos, café y champagne.
Después de desayunar, descansamos un poco hasta las tres, a esa hora fuimos a una fiesta de cumpleaños del bebé de unos vecinos. La mesa del comedor estaba llena de tartas y pasteles caseros. Parecía una ilustración de cuento de niños en las que aparece tartas de chocolate a tutiplen, de merengue de bizcocho de café listas para ser devoradas por los padres de los niños. En este caso la mayoría de niños que asisten a la fiesta no sobrepasan los 5 años y están más ocupados jugando en el jardín que papeando. Los padres y yo nos inflamos a tartas y ¡más cava bitte!
De vuelta a Barcelona, esta vez cruzo Europa de forma más rápida y cómoda, en avión, me permito echar una sietecita reparadora.

Cambio de tercio. Efectivamente, como comenta mi hermano en su blogg particular, caminar por las calles de una ciudad y mantener los ojos bien abiertos, a pesar de no haber dormido, puede darte la idea del desarrollo cultural y social de sus habitantes. Él está ahora en Bristol y parece que no le gusta mucho el consumismo de los ingleses, aunque parece ser que Bristol es otro tema un poco más cuidado. La verdad es que coincido con él. Que diferentes son los alemanes de los ingleses... Y cuan sabios son.

Por ejemplo una de las cosas que me sorprenden de los pueblos ingleses, y de los barrios londinenses, es de la carencia de identidad propia. Sus High Street o Major Roads son siempre replicas exactas: Starbucks, KFC, Burguer Kings, McDonald´s, Pret a Manger, Eat, Orange, Vodafone, HSBC, Barclays, Royal Bank of Scotland etc etc...

No obstante, y por suerte, los alemanes, que carecerán de otras virtudes, han sabido conservar su identidad propia. En este preciso pueblo no existe ni un mierdonals ya que el consejo de ciudadanía lo prohibió expresamente, sólo hay una multinacional alimenticia (Subway). Todo lo demás son carnicerías, panaderías, fruterías y heladerías que ya las quisiera yo tener a mano en mi barrio.