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lunes, 30 de junio de 2008

Pedals de Foc Non Stop Oro 2008 - Una Odisea en la montaña


Este último fin de semana de junio me tocaba la Pedals de Foc Nonstop, en su modalidad Oro.
Una carrera de orientación para bicicletas de montaña alrededor del parque Nacional de Aigües Tortes i Sant Maurici, con 220 kilómetros de recorrido de los cuales la mitad son en subida y, una vez finalizados, se llega a acumular cinco mil quinientos metros de ascensión vertical.
Existen tres modalidades para completar los 220 kilómetros: en un día “oro” o en dos días, para lo que puedes elegir hacer 150 km el primer día y 70 km el segundo dia: que es la modalidad “plata” o bien 105 km. el primer día y 115 km. el segundo, esa es la modalidad “bronce”.
La salida se hace desde Vielha a las 5 de la mañana. Para eso los corredores nos hemos tenido que levantar aproximadamente entre las cuatro menos cuarto y las cuatro y cuarto. Mi compañero de habitación, también oro, y yo nos hemos puesto el despertador a las cuatro menos cuarto. Se desayuna fuerte, el día va a ser duro y largo. El comedor del hotel a esa hora está lleno de corredores vestidos de luces y los nervios flotan en el aire. No es para menos.
Nada más empezar (con un foco frontal) desde el centro de Vielha hay que subir por una pista hasta incorporarse a la N-230 justo antes de meterse al tunel de Vielha. La primera en la frente que se dice, pero la haces tranquilamente. Una vez salimos del tunel ya no hace falta el foco, ha amanecido y pese a que todavía no nos calientan los rayos del sol se ve perfectamente y no hace falta más el frontal, allí alcanzo mi velocidad máxima de todo el día 67 km/h. Llegamos al Pantano de Senet, bordeándolo por su margen izquierda, el paisaje es precioso e inmejorable para empezar el día, el día promete. Seguimos bajando por el margen del Noguera Ribagorçana, cruzándolo varias veces hasta llegar a Vialler, momento para el primero de los 10 controles, es el pkm. 30 y ya llevamos dos horas pedaleando, pero te sabe a nada, todavía estás emocionado y ves a gente riendo e ilusionada. En todos los controles hay que parar obligatoriamente a firmar conforme has cumplido con el recorrido y si quieres puedes alimentarte, en este primer control tomo un zumo de naranja y un poco de chocolate.
A partir de ese momento empieza la fiesta. Coll de Seserreres es la segunda subida pero consideraré que es la primera que se hace notar, aunque todavía estamos frescos, justo después empieza la bajada hacia Llesp, de las más bonitas y cómodas de todas puesto que todavía tienes fuerzas para disfrutar de paisaje del Vall de Boí y del pedaleo, es uno de los momentos más felices del día, para mi, ya voy solo y he dejado detrás de mi un monton de escaladores que van a otro ritmo más tranquilo. La recompensa es enorme, toda la Vall de Boí solo para mi. A lo lejos, en una cota mucho más baja, veo un grupetto de cinco que bajan a tope. No obstante mientras estoy intentando leer el roadbook que hay que llevar obligatoriamente en el manillar de la bici, pierdo de vista la pista y casi estoy a punto de meterme en una rodada bastante peligrosa, cosa que hace que derrape y se me salten los pies de los pedales y me de un golpe con uno de los pedales en el tobillo izquierdo, por suerte no caigo pero el dolor me molestará más adelante.
Una vez en Llesp empieza el Camí de l’Aigua, camino técnico con bastantes tramos a pie. Eso me hace pensar que la Pedals de Foc no es sólo pistas comodas y que tiene tramos en los que vamos a sufrir y empujar entre barros y charcos de agua. Después viene la tercera subidita, al pueblito de Irgo, por pista de asfalto pero muy empinada, llegamos al segundo control, 9 de la mañana. Allí ya empiezo a comer fruta y el cuerpo me pide la primera de las muchas Cocacolas del día.
Acto seguido, bajada hacia Malpas y luego empezamos la subida a Coll de Peranera, Coll de Sas y Coll de Fades. En ese momento, cuando empiezas esta ascensión llevas 67 km. Empiezo la subida muy bien, pero poco a poco voy perdiendo ritmo, en una pequeña bajada que hay antes de llegar a Sas me pasa un tío y me pregunta: “¿Qué tal vas?” Y me sale del interior decirle, con otras palabras, que “comienzo a notar el cansancio”. Ya llevo seis horas y pico encima de la bici y sólo pensar lo que me queda me hace pasar una primera crisis.
Después llega el tercer control, diez y tres cuartos de la mañana aproximadamente. Allí el cuerpo me pide sólido y no puedo resistirme a un bocadillo de jamón con queso, Cocacola, plátanos, chocolate y aprovechar para poner un poco de aceite en la cadena, se me pasa la crisis.
Después, bajada hasta Mola d’Amunt para subir hasta Coll d’Oli, muy duro y largo. Además para rematar el último tramo subiendo a pie y equivocándonos unos cuantos participantes y yo debemos recular pocos metros pero cada metro cuenta a estas alturas. Además, la bajada es bastante técnica, varias veces pongo los pies en el suelo.
Justo cuando acaba esta bajada, llegamos a Torre de Cabdella, final del primer día para los Bronce, mañana ellos continuan a las cinco de la mañana. Allí, este es el cuarto control, no me apetece comer nada, aún y así relleno los depósitos de agua por que ahora, desde el pkm. 105, a unos 1080 metros de altura, hasta el pkm 121 viene el Coll del Triador a 2138 metros de altura. Aproximadamente dos horitas y pico de subida, un infierno que recorres a una velocidad de entre cinco y siete kilómetros por hora, en el que me pregunto por qué se llama así este puerto continuamente, sufro el primer delirio del día, el sol y el esfuerzo hacen que por mi cabeza pase una y otra vez el mismo nombre, Triador, Triador, Triador, hasta que acabo desvinculando la palabra del lugar, transformándola en un seguido de silabas que rondan mi cabeza constantemente como si se tratara del cri-cri de un grillo. En un momento de lucidez acabo pensando que Triador en catalán literalmente podria traducirse por Escogedor o en su defecto Seleccionador. Un seleccionador natural que ayudado de una fuerte y prolongada pendiente y un sol justiciero va ordenando, cual director de orquesta, quien pilla una pájara y quien no.
El termómetro no baja de los 30 grados en ningún momento, a mitad de subida ya me he bebido el litro y medio de agua que había repostado en Torre de Cabdella, así que no me queda más remedio que rellenar los bidones en un riachuelo que baja cargado de agua helada a riesgo de coger una cagalera. Pero la sed y el miedo a la deshidratación hace que me apetezca incluso beberme el agua de los charcos, asi que ¿Cómo no voy a beber de estos rios de aguas cristalinas ya lo suficientemente mineralizadas?
Allí, en el Triador, empiezas a ver las primeras pájaras, vómitos y caras de arrepentimiento. A mí, a pesar de todo, se me da especialmente bien. Con lo que no contaba es con lo que viene después de la coronación del Triador, donde encuentro el quinto control.
Durante el quinto control (14:30), en lo alto del Triador, mientras bebo un Danup y como un platano, veo lo que parece ser una interminable bajada, pero que en realidad es un falso llano, que visto desde arriba y con las ganas que tienes de bajar, me da la sensación de ser la superbajada del siglo.
Pero nada más alejado de la realidad, eso es un espejismo, los casi veinte kilómetros que quedan por delante hasta el sexto control sólo son trepidantes en su primer kilómetro, al girar hacia la izquierda, te quedas clavado y hay que quitar el plato grande y subir piñones. Se puede ir girando el plato mediano y jugando con los piñones superiores y así te da una satisfactoria sensación de ir tachando kilómetros. Pero cada vez, la pista se hace más y más empinada, además vas viendo que tarde o temprano se gira a la derecha y la pista sube en diagonal hasta los 2268 metros de altura a su paso por el Coll de la Portella (techo de la Pedals). Después de una rápida bajada, se sigue subiendo hasta el Coll de la Creu, donde está el sexto control. Alli empieza la bajada hasta Espot por la estación de esquí de Superespot.
La bajada es rapidísima, dura para las manos y los brazos, se sufre pero en poco rato estamos en el séptimo control de Espot, donde pasarán la noche los de la modalidad Plata. Llevamos 150 kilómetros y son las seis y pico de la tarde.
Una vez allí tomamos la carretera hasta Son, pasando por Jou, este tramo, a pesar de lo bónito que es la Vall de l’Aneu, es de los más aburridos de la carrera puesto que es por una carretera de asfalto bastante pesada. Lo comento al día siguiente en el desayuno y algunos me dicen que si se quita esa parte la única solución es ir por senderitos mucho más difíciles y lentos cosa que sería peor y más dificil.
En Son, me remojo por completo la cabeza en una fuente. A partir de allí empieza un sendero y una bajada por un camino de cabras en el que me sorprendo de cómo a esas alturas los reflejos pueden reaccionar todavía ante el peligro. Vamos a parar a la carretera que va al lado de la Bonaigua.
Afrontamos la última parte de la carrera, de los restantes 50 kilómetros treinta son casi todos seguidos en subida continua y los veinte últimos en bajada .
En Alós d’Isil me tomo un ibuprofeno de 600 mg esperando que mi rodilla derecha, que me ha empezado a molestar en Espot, mejore un poco. Además refresco mis piernas en la fuente. Parece que el frío me va bien para la rodilla. Cuando más sufro es cuando tengo que levantar el culo del sillín. Levantar el culo del sillín no es síntoma de debilidad como suelen comentar algunos periodistas iluminados, es un cambio de postura básico que sirve para aumentar la velocidad y para aliviar el roce inevitable que produce el sillín, pero que hace sufrir más al corazón.
Empieza les Bordes d’Isil que es un camino que va bordeando el Noguera Pallaresa, que baja rugiendo lleno de agua y con un poco de viento en contra.
Después de un tramo de sube y baja bastante trepidante, llegamos al refugio de Montgarri. Firmar, Cocacola y a la bici. Todavía quedan subidas fuertes hasta el Pla de Beret. Subidas en la que ya empiezo a estar harto, especialmente en Pla de Beret. De plano no tiene nada y encima hay cientos de vacas y cavallos pastando felices que nos miran con cara de incertidumbre y nos mugen y relinchan sin parar. Este es mi segundo delirio del día, deben de preguntarnos “¿Qué hacéis infelices? ¿Dónde creéis que os lleva esta forma de vida? Miradnos, nosotros/as si que somos felices, no tenemos que preocuparnos ni de de alimentar a nuestras terneras o potrillos puesto que todo este prado, en el que vuestra élite viene a pasar el invierno, es nuestro de mayo a octubre, momento en el que nos refugiamos en una granja… Siii, para que nos manden al matadero, pero si hay algo seguro amigo ciclista es que ningún ser vivo se libra del matadero”
Después de este delirante ataque de envidia que me ha dado al ver como viven las vacas y los caballos toca bajar. Aún quedan unas cuantas putadas, escaleras, piedras y algo de barro. Pero empieza a oler a Vielha. Incluso hay un tramo en el que pongo el plato grade y empiezo a rodar como un campeón junto con tres tíos más.
En la meta están estos tres ciclistas que han llegado unos segundos antes que yo y los controladores, no hay aplausos ni periodistas en la meta. Doy mi número de participante, 268, que me ha acompañado durante toda la aventura. Son más de las nueve y media y seguidamente me voy al hotel, a escasos 200 metros de la meta, me dicen que he quedado entre el nº 70 y el 80, muchos animales en la pedals de foc.
Dejo la bici y me ducho. Me visto, y una vez en el comedor, ceno acompañado de otros ciclistas con los que explicamos anecdotas e intercambiamos impresiones con una merecida cerveza en mano. Mientras, reviso el cuenta kilómetros: 15:20 horas pedaleando sólo 1:30 horas parado. Algunos tambien han padecido delirios, uno me comenta que cada curva y cada prado le parecia el mismo, que tenía la impresión de haber entrado en un ciclo sin salida.
Cuesta dormir después de semejante tute, tienes sueños raros y el corazón late con demasiada fuerza. Son más de dos litros de coca cola y dos más de bebidas tonificantes. Amén de casi ocho litros de agua.
Al día sigiente a las ocho ya estoy con los ojos como platos y unas ganas de desayunar brutales.
Ahora ya ha pasado todo. El dolor en la rodilla persiste, pero se puede soportar. Sólo queda volver a casa.

lunes, 16 de junio de 2008

Vall del Corb


Es la hora de cerrar los garitos, de intercambiar teléfonos, de acabar la última copa, buscar un after o simplemente volver a casa a dormir la mona. El sol ya ha salido hace un rato, nosotros hace poco que estamos despiertos y vestidos de faena, colocando las bicis en la baca del coche en la calle Miquel Biada de Mataró. La gente nos mira con una mezcla de sorna y envidia, algunos piensan “vaya moral”, otros, sin saber ni tan siquiera hasta donde tenemos que ir, seguro que creen que somos unos colgaos. Y no les falta razón.

Hoy toca ir hasta Vallfogona del Riu Corb, provincia de Tarragona. Allí se disputa la 3ª marcha BTT de la Vall del Corb. Llegamos con el tiempo justo de recoger los dorsales y preparar la bicis.
Salimos en grupo, en la cola del pelotón. Salimos de Vallfogona dirección Guimerà por la carretera de asfalto y en menos de un kilómetro empezamos a rodar por una pista forestal bastante amplia y llana. Josep me dice que vaya a mi ritmo y que nos vemos en la llegada, así que para calentar pongo el plato pequeño y empiezo a jugar con los piñones pequeños para entonar las piernas y coger un poco de pulsaciones, según el perfil y lo que nos ha comentado la organización los nueve primeros kilómetros son en subida.

Efectivamente los tramos de subida llegan pronto, por suerte no se sufre el típico atasco de comienzo de carrera puesto que el pelotón se ha estirado lo suficiente y la pista es bastante amplia, apto para que quepan dos filas indias por la parte limpia de la pista y otra fila, ésta menos poblada, por la parte sucia, por donde se debe de ir si se quiere adelantar posiciones. Hasta que no empiezo a sudar no me meto por ahí. Pero ya a mitad de subida puedo comenzar a pedalear como un molinero e ir quitándome gente de delante.

Llegamos al primer avituallamiento, donde lleno mi bidón de agua, con las prisas se me había olvidado. Después empieza la primera bajada, al principio por un sendero en el que sólo cabe ir en fila india, aunque siempre hay el típico capullo que, a pesar de ir a 45 por hora, te grita a que quiere pasarte, pienso mientras freno un poco y dejo que me pase “anda, pasa mamón, que cuando te alcance en la subida te vas a comer todos mis pedos”. La primera bajada es trepidante pero dura poco y se convierte en una nueva subida en la que adelanto al pibe de antes, que va medio asfixiado, no le vuelvo a ver el pelo.


Después de esa pequeña subida comienza lo más peculiar de la carrera de hoy: las bajadas, unas pendientes espectaculares por las que tienes que tirar el culo lo más atrás posible, derrapar con la de atrás y frenar lo justo con la delante para ni bloquear ni embalarte. Se debe hacer con cabeza pero sin pensar mucho, almenos bajas las pulsaciones, aunque se debe de hacer mucha fuerza con los brazos. Hay mucha gente que no lo ve claro y te dejan pasar, hace un año no me atrevía a bajar por esos sitios, pero se notan los kilómetros de rodaje.

Por cierto, la bici, después de la Cabrerés, me la han dejado como nueva, nuevos cambios, nuevos frenos y sin barro es una delicia montar.

El caso es que hay unas tres subidas más, todas considerables y conectadas por bajadas igual de técnicas. Antes de llegar al pueblo y de la última subidita tenemos un tramo de llaneo en el que pongo el plato grande y ruedo a tope. Una vez en el pueblo sólo queda bajar una escalinata en la que todavía me da tiempo de quitarle las pegatinas a alguien. A la llegada me bajo de la bici y la aparco para su merecido descanso. Yo empiezo a refrescarme con estrellas y espero a los demás en la parte de las escaleras para hacer unas fotos. En esta foto vemos a Josep apisonando las escaleras.

Después de comer queda lo más rollo, cruzar casi toda Catalunya en coche, pero que forma parte del entrenamiento para mi próximo reto: Pedals de Foc Nonstop Or.


martes, 10 de junio de 2008

L'Aubisque y Marie Blanque


Este fin de semana tocaba darle un buen paseo a la bici de carretera que ahora cumple un año y la tenía un poco abandonada.
Para celebrar su aniversario y puesta de largo nada mejor que llevármela con mi tío Víctor y Manolo a Arudy, cerca de Pau, Pirineos Atlánticos (Francia) a subir un par de puertos míticos: Col de l’Aubisque y el Col de Marie Blanche, ambos incluidos en muchas de las ediciones del Tour.
Llegué a Pau a eso de las ocho de la tarde, Víctor y Manolo me esperaban en Soumoulou, justo en la salida de la autopista. Ya se sabe que esa hora es la propia que los gabachos tienen para cenar, así que fue llegar y entrar casi en el primer restaurante que encontramos en la carretera.
Unos 475 kilómetros casi sin bajar del coche me habían provocado perdida de apetito, así que, después de haber mirado los diferentes menús que ofrecía el restaurante me decante por uno que habían bautizado con el nombre de: “Qui mange du beuf, mange du beuf” algo que en castellano, después de haberle dado vueltas y prescindiendo de la traducción literal, creo que se podría traducir como “Mariconadas, las justas”. Bueno, el menú consistía en una sopita de hortalizas con pasta y después un combinado de varios tipos de platos cuyo denominador común era la carne de buey, esto era: tartar, carne estofada y un pincho moruno de solomillo con patatas y mostaza. Me pareció una buena idea pero quizás faltaba la manera más clásica de concebir el buey dentro de la cocina: el chuletón puro y duro.
Al día siguiente tocaba la ascensión al Aubisque, así que nos fuimos pronto a la cama.

Col de l’Aubisque:

La ascensión a este puerto desde Arudy supone remontar casi entera el Valle d’Ossau en dirección Norte a Sur. Son unos trece kilómetros hasta llegar a Laruns, donde la pendiente comienza la subida rodeada de unos árboles espectaculares que lleva hasta Eaux-Bonnes, una vez allí hay que girar a mano izquierda y continuar la subida hasta Gourette y después no queda otra que enfilar hasta el final de la carretera donde ya totalmente descubierto de vegetación el ciclista se expone al frío viento.

La longitud del trayecto desde Laruns a la cima es de 16,7 kilómetros y calificado por la organización del Tour como HC, Alta Categoría, con una pendiente media del 7,2% y una ascensión vertical (desde Laruns) de 1190 metros. La subida es espectacular y a pesar de lo duro las vistas lo hacen más llevadero. A parte, continuamente vas viendo personas que te bajan embaladas de haber coronado el puerto y grupos de amigos que, como nosotros, han decidido dedicar la mañana a darle a los pedales.
La bajada es trepidante, hay que ir con cuidado por que las curvas estaban muy mojadas y los rebaños de ovejas cruzan la carretera a sus anchas dejando embarrada la calzada y te puedes encontrar a un rebaño con ganas de hacerte una melé espontánea.

Col de Marie Blanque:

Al día siguiente, después de habernos ganado la comida y la cena nos vestimos de luces y nos montamos en las bicis con las piernas un poco más resentidas que el sábado. Para llegar a este puerto se puede subir por la parte que sale desde el Valle d’Ossau o bien por la otra parte que da a Escot, que es la subida con porcentajes más elevados, aunque la más corta, así que siguiendo con el lema “Qui mange du beuf, mange du beuf” escogemos el lado más chungo de los dos.
Para llegar a Escot partimos desde Arudy dirección Saint Christau por una carretera muy bonita totalmente cubierta por los árboles y en la que hace frío pero como es sube y baja continuo nos da para entrar en calor y desentumecer las piernas.
Luego continuamos por la carretera que conduce a la frontera con España y cuando llegamos al desvío de Escot nos paramos a quitarnos la ropa de abrigo para afrontar la temida subida, en ese punto ya llevamos 30 kilómetros
La ascensión tiene 9 kilómetros, cuatro de los cuales se hacen casi sin darte cuenta, pero a partir del quinto ya no hay tregua y los porcentajes medios del los últimos kilómetros son brutales, de 8%, 10%, 13% y 9%, no obstante la calificación de este puerto es de primera categoría. Bastante complicado, pero acabamos superando la prueba.

Luego bajamos por la otra vertiente, una bajada muy bonita de once kilómetros que yo la bajo tumbándome en las curvas, adelantando a los coches, comiéndome una enorme mariposa que choca contra mi cara y disfrutando como un enano, aprovecho que el sol ha secado perfectamente el asfalto para darle caña al plato grande que cuesta moverlo un montón. Una vez abajo espero a Víctor y Manolo que han bajado disfrutando de las vistas y volvemos con calma hasta Arudy donde nos tomamos una Kronenbourg a presión. Luego toca ducha y preparar los bártulos para volver a Figueres después de comer como unos señores.

domingo, 4 de mayo de 2008

Puente de Mayo de 2008


Ya hace más de un mes que mi primo Charly y yo estábamos preparando unas rutas en bici para el puente de mayo. Las rutas consistian en una visita a Figueres de él con Lalo. Charly proponía planes desde Madrid y yo los he ejecutado en primera línea de combate bastante bien creo.
Charly y Lalo llegaron a eso de las dos de la madrugada del jueves así que el jueves 1 de mayo nos despertamos con calma y después de desayunar preparamos las bicis y comenzamos la primera ruta del fin de semana.

Figueres – Empuriabrava – Roses – Cadaqués – Llançà

De Figueres salimos por el camino que va paralelo al Manol para ir a hasta la Muga y bajar a hasta la playa de Empuriabrava pasando por Castelló de Empuries. El ritmo ha sido bastante lento, además perdimos a Charles nada más salir del garaje de casa y tuvimos que ajustar los frenos de la bici de Charles que nos estaban volviendo locos del ruidito que hacían, gajes del oficio.
En Empuriabrava comimos el primer bocadillo que teníamos en nuestro kit de supervivencia personal y hemos visto cómo se preparan los kite surfistas toda la parafernalia que rodea esta modalidad de surf. La verdad es que cada día me dan más envidia, probablemente parte de la paga extra de verano la invierta en un curso y un equipo.
Después de Empuriabrava cruzamos los canales de Santa Margarita y en Roses compramos tres pasajes en barco hasta Cadaqués. La travesía ha sido bastante movida, al principio nos sentamos en el puente superior pero allí notábamos demasiado la zozobra del barco y nos preocupaba que el manillar de alguna de las bicis no acabase incrustada en alguna cabeza de los turistas que se habían quedado en la parte cubierta. Por suerte no había pasado nada, pero en el interior el mareo se agudiza y acabamos en la popa donde se podía respirar un poco de aire y el barco no se movía tanto.

Una vez en Cadaqués fuimos hacía Port Lligat y después hacía el Cap de Creus, según nos acercábamos el viento se acusaba más y más hasta el punto que en los tramos de bajada había que pedalear si se quería avanzar. Una vez en allí proseguimos la aventura a través del GR11, que es la Gran Ruta que cruza el Pirineo de cabo a rabo. Nuestro objetivo era llegar hasta Port de la Selva y de allí ir por la carretera hasta la estación de Llançà.

Pero el GR11 era más complicado de lo que me había pensado y en el tramo que se pasa a la altura de la Cala Tavallera hay que bajar de la bici y ponérsela a cuestas durante un buen (mal) rato. Además notamos el cansancio, la insolación y la desorientación del viento, constante desde Empuriabrava.
El sol se iba poniendo poco a poco tras los montes de la Sierra de Alberes y las vistas, con el mar a la derecha y Port de la Selva abajo, eran maravillosas, lástima que el agobio por el tiempo no noss dejó disfrutarla mucho. Otra vez lo tendremos que hacer con más tranquilidad.
Al final llegamos a Llançà cinco minutos más tarde que partiese el último tren. La gota que colma el vaso. En total 55 km en bici y unas cuantas leguas en nave.
Taxi hasta Figueres entre Lalo y yo para coger el coche de Charles y volver a Llançà donde estaba esperando Charles con las bicis.
Mi idea era comerme un cochinillo o un cordero entero por barba, pero llegamos a Figueres a las once de la noche, demasiado tarde para que nos cogiesen mesa en cualquier restaurante.
Por suerte, medio kilo de spaghetti, media ristra de chorizo y medio litro de tomate fueron suficientes para calmar las hambres a medias de los tres.
El día siguiente lo dedicamos al placer de no hacer nada que requiriese demasiado esfuerzo. Desayuno en casa muy tranquilos y después fuimos directos a la playa de la Almadraba, donde después de beber unas cervezas para abrir boca, nos comimos una paella de la que no sobró ni un grano. De camino a Figueres decidimos que no podía ser que ese día pasase sin hacer algo de deporte, así que hicimos un par de carreras en los karts de Roses, en las dos tandas les quité las pegatinas a los bólidos de Lalo y Charles.
Después, ya en Figueres, compramos unas butifarras de perejil, de setas y normales y un brazo de gitano de medio metro. Unas cañas con Jura de aperitivo y ya en casa la cena fue coser y cantar.
Al día siguiente decidimos tomar las bicis otra vez,

St. Llorenç de la Muga:

Este es el día que más temprano nos levantamos de los tres. Fuimos en coche hasta St. Llorenç de la Muga y de allí fuimos valle arriba hasta que, a medio camino entre St. Llorenç y Albanyà la pista se convierte en un sendero por el que hay que ir en fila india. Dimos media vuelta y para matar el rato subimos hasta la Torre de Guaita, donde nos cominos unas naranjas que yo llevaba en mi mochila. En total poco más de 20 km.

Por la tarde comimos tres pollos a l’ast y una tortilla de patatas, eso si, con la ayuda de mi amiga Francesca y su novio Andrea que habían venido a pasar el puente a Barcelona y habían aprovechado ese día para ir a Figueres a visitar el museo de Dalí.
Después de la comilona y la sobremesa teníamos hora reservada en un Spa en Sant Climent de Sescebes.

La idea fue de Charles, que es un experto en estas movidas. El circuito consistía en una sauna turca, que es lo mismo que la sauna pero húmedo y con aromas a eucaliptos, luego un peeling corporal, un baño de burbujas y finalmente un masaje en las piernas que hizo que me saltaran las lagrimas de los ojos.
Acto seguido, una cena homenaje en el Ampurdán con los siguientes entrantes a compartir: higado graso, un plato de colmenillas en su salsa y guisantes con butifarra negra. De segundo y también a compartir entre los tres como buenos hermanos: bacalao con muselina de ajo, rodaballo y carrilleras con foi. Para acabar, carrito de quesos y carrito de dulces, a destacar el tocinillo de cielo. Todo acompañado de dos bottles de Gramona Imperial y unos orujitos para ayudar con la digestión.
Puesto que a la mañana siguiente la única etapa que había que cumplir era la de pasar el trámite del domingo, nos fuimos a tomar algo y comprobar que tal estaba la noche figuerenca. Lalo y yo hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos mientras Charles, fuera de mercado, se sentó con una pierna encima de la otra, gin tonic en la diestra y el índice de la mano zurda en el bigote limitándose a hacernos gestos de tipo “ataca” o ”esta no vale un duro”. Y en cuanto cerraron el garito nos fuimos por donde habíamos venido a comentar las mejores jugadas y ensobrarnos.

Ruta 24 CBTT Salins Basegoda: Figueres – Avinyonet - Figueres

Charles y Lalo se largaron a medio día y me quedé con un poco de penilla de que se hubiese pasado el puente a semejante velocidad. Nada mejor para remediarlo que una rutilla rápida por los caminos cercanos a Figueres. Sin mucha dificultad en poco más de tres horas se completan los 24 kilometros de la ruta que comienza y acaba en Avinyonet de Puigventós más los 4 que separan Figueres de Avinyonet. En total 30 kilómetros. Después más de 100 km. la bici se ha merecido una duchita y una engrasadita para que descanse durante toda la semana.

jueves, 3 de abril de 2008

Vuelta de las tinieblas


Buufff!! que susto, hacía tanto tiempo que no accedía aquí que casi había olvidado la contraseña para entrar en mi cuenta del blog.

Parecerá que no tenía nada que contar, que nada me ha ocurrido durante estos días que han transcurrido entre la última entrada y la , pero los que hayáis pensado eso deciros que es del todo erróneo. No obstante la mayoría de lectores y asiduos a este diario me conocéis personalmente y sabéis que he estado muy atareado. El trabajo sigue adelante, cada día nos acercamos más al verano y en mi sector eso es sinónimo de más trabajo.

Como os decía no pocas cosas me han ocurrido, ninguna fuera de lo común a excepción de unas diarreas diabólicas que han hecho que baje mi peso hasta los 85 kilos, cosa que al final he acabado agradeciendo puesto que eso me permite ir más ágil y ligero tanto en bici como corriendo.

Algunos me habéis comentado que hechais de menos mis andanzas de fondo y de ciclista. Pues bien, en cuanto a las carreras a pié, el pasado do mingo 16 de marzo corrí la Cursa popular de Caldetes d'Estrach que consistía en 9,2 kilómetros. Por aquel entonces ya había comenzado a padecer los síntomas de la cagalera y corrí apretando el culo y sufriendo como un putas sobre todo los últimos dos kilómetros, que para más inri eran cuesta arriba.

El fin de semana siguiente, después de haber pasado toda una semana haciendo haciendo el penas a dieta y comiendo yogurts, queso de Burgos, pechugas y lenguados a la plancha y demás tonterías me fuí a pasar la Semana Santa en Ezcaray. El objetivo era ir en bici, comer, dormir y salir a tomar cañas a diestro y siniestro. Digamos que cumplí mis expectativas en un 50% puesto que la diarrea atacó de nuevo a mitad de estancia y un temporal de nieve cubrió casi toda la Rioja de un manto blanco que impedía la práctica de la bici. Pero bueno, los dos primeros días fueron perfectos y los dos últimos si no hubiese sido por la barriga, que de vez en cuando me traiciona vilmente, también hubiese sido perfecto.

El caso es que ahora ya me encuentro bien y estoy recuperado físicamente hasta tal punto que el pasado domingo acudí con Carlos a una carrera popular de BTT en La Bisbal de l'Empordà. Era una carrera por pistas, senderos y caminos de tierra muy divertida en la que acabé de barro hasta las orejas (me caí enterito en un charco que parecía una piscina de barro) pero contento y con el apetito suficiente como para comernos un arrocito negro en Palamós.

Mañana bajaré a Barcelona para correr la X Cursa de Bombers. Esta será mi cuarta Cursa consecutiva pero no creo que rebaje los tiempos del año anterior.

Prometo hacer una entrada contandolo todo.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Darnius - Maçanet de Cabrenys


Hacía bastante tiempo que no montaba en bici. Me desperté hacia las diez de la mañana de ayer domingo 2 de diciembre. Después de desayunar café y tostadas con tranquilidad. Me vestí con un poco de pereza con la ropa de bici, más pereza me daba limpiar y engrasar la maquina, pero por suerte tenía la bicicleta bien limpia y engrasada en el trastero de la última vez que la utilicé.

En un momento monté el porta bicicletas en la parte posterior del coche y me dirigí hacia Darnius, la zona norte del Pantano de Bassegoda, que está llegando a niveles críticos por el bajo nivel de las aguas, hacía un día soleado y no muy frío para la época del año.

Una vez montado en el coche me dirigí hacia el pantano y a las once y escasos minutos ya empecé pedaleando bordeando el pantano en dirección a su nacimiento por una carretera asfaltada muy estrecha con muchas subidas y bajadas.

Allí donde comienza el pantano, alimentado por la Muga, se encuentra un caserón llamado La Central, que es un hotel con muy buena pinta. Una vez dejas a tus espaldas el hotel, se acaba el camino de asfalto y comienza una pista de tierra que en su inicio está un poco erosionada por las ruedas de los quads y motos de trial. Al cabo de quinientos metros, la pista se hace un poco más transitable. Pero en general podría ser más cómodo circular por estas pistas. Es una lástima que no se limite el paso a todos estos vehículos que deterioran tanto los caminos. Ya me parece bastante la erosión que puede hacer una bicicleta, pero lo que se va a conseguir con tanta circulación de vehículos pesados es que sólo sean transitables por ellos.

Una vez acaba la subida hay que cruzar un campo en el que se empiezan a ver los Pirineos a tu alcance (la etapa de Llançà a Maçanet de Cabrenys es la primera de muchas en la ruta transpirenaica, que algún día me gustaría hacer) y piensas que en vez de volver al coche te gustaría coronar ese pico que se encuentra delante de tus narices pero que te llevaría un par de horas y hoy no estoy para esos trotes ni son horas. Así que cruzo el campo y sigo pedaleando diez minutos hasta que llego a Maçanet. Una vez allí doy una vuelta por el pueblo y vuelvo por la misma pista hasta el coche. No sin antes hacerme una foto que demuestre mi paseo (y lo vacío que está, allí donde estoy retratado debería de haber agua o barro, sin embargo, parece una playa). Al final son unos 27 kilómetros en un par de horas. Lo que me permite volver a casa a una hora razonable para comprar periódico y comida preparada (canelones y bacalao a la llauna).

La tarde es relajada, siesta, colgar un cuadro en la pared, pasar la escoba, leer, ver el resumen de la jornada, cena... en cuanto me doy cuenta ya ha tocado la una de la noche, que rápido ha pasado el domingo.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Deberes pendientes


La verdad es que no he escrito durante unos cuantos días por que he estado bastante ocupado y cuando llego a casa no me quedan fuerzas para seguir delante del ordenador, las pocas que me quedan las invierto en cocinar para la cena e ir a clases de francés.

El caso es que el trabajo va bastante bien, siempre con sus altibajos, un día parece que todo va bien y al día siguiente te crees que nada ha avanzado. Ya llevo aquí cinco meses y va para largo. Eso creo.

La vida por aquí es bastante más relajada que en Barcelona o Madrid. A pesar que cojo el coche a diario (en estos cinco meses le he hecho unos 20.000 kilómetros), la sensación de ir al volante no es la misma que ir al volante en medio de un atasco en la ronda litoral de Barcelona. Atasco que me tuve que comer volviendo del Salón Náutico de Barcelona de 2007, cruzar la ronda desde Montjuich hasta el nudo de la Trinitat me costo más de una hora.

A parte he pasado un fin de semana en el Pantano de Sau y en el Montseny. El sábado por la mañana estrenamos la bici nueva de Carlos. Echó de menos su antigua Giant y sobretodo maldijo bastante sus nuevos pedales automáticos, pero ya se acostumbrará. Hicimos una ruta de 45 km que no está nada mal, a mitad de camino nos paramos en el Parador Nacional del Pantano de Sau donde nos zampamos un bocadillo de lomo con queso memorable, de aquellos que te entran ganas de quedarte de siesta en una de las habitaciones del parador. Pero por desgracia tuvimios que continuar andando hasta Folgueroles.

Más tarde quedé con Itzi en Arbucies, la tía me dijo que tardaría poco en recogerme pero me hizo esperar casi dos horas. El sitio donde iba esta perdido en medio de la nada, donde sólo había árboles y caminos de tierra. El caso es que allí estuve visitando a Itzi, que hacía un montón que no la veía. Ella está saliendo con un chico, Nader, que tiene alquilada parte de una antigua masía. Por la noche del sábado cenamos sardinas y gambones a la brasa que estaban super buenas. A la mañana siguiente, para demostrar mi afecto a la pareja me desperté pronto y llegué hasta Arbucies en bici con el objetivo de subirles antes del desayuno, unos pasteles y la prensa dominical. Aproximadamente son unos 13 o 14 km de tramo mayoritariamente en bajada, una vez en Arbucies, me di un paseo, pero no muy largo, para recordar cuando venía de pequeño con mis padres. No reconocí nada, aunque es un sitio muy agradable.

Para subir le tuve que meter caña, pero llegué justo cuando ellos estaban preparando los cafés y las tostadas. Hizo muy buena mañana y me quedé leyendo el semanal y el periódico casi letra por letra de cabo a rabo mientras oía a Itzi y Nader cortar la leña (la afición favorita de Nader) como si se avecinase un temporal de nieve y frío post guerra nuclear. Cada loco con su tema.

Luego yo me puse a hacer unas brasas para hacer una ensalada de pimientos, cebolla y patatas asadas que estaba de coña y no sobró nada.

Y luego llega la semana laboral que es bastante movidita, bajar a Barcelona, arriba, abajo, reuniones, etc. Como dato anecdotico hoy he cogido la zodiac y he salido a dar una vuelta por los canales de Sta. Margarita, que es otra marina que está a una milla de Empuriabrava. Las fotos son de esta mañana. Que ya estaba un poco harto de tanto monte, que se note que trabajo en la costa!


martes, 6 de noviembre de 2007

Hace mil domingos...

Carlos orgulloso de su rendimiento, yo al fondo destrozado
Hace mucho tiempo me encontraba en casa de mi abuela en Barcelona en una de las escasas ocasiones en que mis primos de Madrid, mis abuelos, mis padres, mis tíos y mi hermano coincidíamos en el piso de la calle de Provenza, al lado de la inacabada Sagrada Familia. Era un domingo de boquerones, de paella y si te quedabas con hambre siempre había entrecotes en la nevera para saciar el hambre de los más exigentes.
Pero en aquella ocasión la paella no la cocinaba mi abuela, como era habitual, sino que la cocinaba mi padre. Uno de mis primos, Charly, parecía no estar muy contento con el cambio de cocinero habitual. Mi padre intentaba consolar a mi primo desde la cocina exclamando orgullosamente: “Mi paella es mucho mejor que la de la Lili” (así llamábamos todos a mi abuela paterna) a lo que mi primo decía con escepticismo y pragmatismo aplastante: “Eso es imposible, la Lili ha hecho muchas más paellas que tu y te ha enseñado a hacer la paella, por lo tanto ella sabe más y a ella le sale mejor ¿Verdad Lili?”, parecía imposible convencer a mi primo de que mi padre hacia la paella mejor que nuestra abuela, pero nuestra abuela respondió algo que apredí ese día y que, hasta entonces, creía que no era posible: “A veces el alumno supera al maestro”.
Muchos domingos después, probablemente mil, Carlos Muniesa, recientemente adicto a la bicicleta, ha venido a visitarme a Figueres. El objetivo de la visita es salir en bicicleta por las montañas que rodean la zona.
La ruta que elijo es la misma que la que hice hace un mes y pico empezando desde Albanyà y que me costó dos pinchazos.
Esta vez afronto la ruta con más alimento (bocadillos, fruta, chocolate), más agua, más cámaras de recambio para las ruedas y sobretodo, en compañía de un colega.
Ya en la primera subida Carlos me demuestra que tiene un buen arranque, se sitúa siempre delante durante el primer tramo de subida. A los 18 km empieza otra fuerte subida hasta el primer punto de descanso. Otra vez, Carlos, vuelve a colocarse delante y simplemente no puedo seguir su ritmo. Sólo a pocos metros del final de la subida puedo bajar unos cuantos piñones y colocarme de pie para llegar una rueda por detrás de la bicicleta de de Carlos.
Después un pequeño bocadillo y unas chocolatinas, montamos otra vez en las bicis y bajamos menos de lo que recordaba para empezar a subir la ascensión más dura de la etapa. Aproximadamente 8 kilómetros sin parar y siguiendo la estela de Muniesa que va sobrado. Yo le sigo a duras penas, pero no voy cómodo. Esta subida debería de bastar con el plato pequeño y el gran piñón. Pero estaría agradecido en poder subir más piñones.
La bicicleta de Carlos es bastante antigua, por tanto lleva unos desarrollos diferentes a los míos. Sus desarrollos requieren más potencia, menos vueltas pero necesitas hacer más fuerza, a pesar de eso tira fácilmente.
Vuelvo a preguntarme que hago allí y cuando se acabará la subida. Para colmo nos encontramos con un capullo que baja ocupando casi toda la pista con su Mercedes cuadrado como una caja de zapatos y tenemos que parar para que el señorcito pase, vaya huevos, con esta pendiente es difícil volver a retomar la marcha.
Al cabo de demasiado rato llegamos a la segundo punto de descanso. Ya llevamos treinta y pico kilómetros.
Comemos otro poco más. Me doy cuenta que mi rueda delantera está levemente frenada por que no está bien centrada. No se cuanto tiempo llevo así pero me temo que hace bastante tiempo, incluso salidas, por que no recuerdo la última vez que desmonté la rueda delantera.
El cansancio ya no me lo quita nadie. Ya solo nos queda llegar a la cota de 1100 metros y una larga bajada de 15 kilómetros. En la bajada Carlos se queda atrás. La bici vieja tiene un inconveniente claro y objetivo, al margen de gustos por las relaciones de cambios: le falta horquilla delantera, y la bajada está plagada de piedras e incómodos baches, las manos y los brazos sufren.
He de reconocer, que esta vez, en la subida Carlos me ha superado con creces. Es complicado reconocerlo, pero “a veces el alumno supera al maestro”.

Siempre me quedará el consuelo de la bajada

sábado, 3 de noviembre de 2007

L'Hospitalet Ax-Les.Termes

Cada maestrillo tiene su librillo


No os penséis que este Hospitalet hace referencia a l'Hospitalet de Llobregat (2ª ciudad más grande de Cataluña), no, hago referencia a un pueblo francés fronterizo, cercano a Puigcerdà.
He quedado en Puigcerdà con Josep y Marta a las 11 de la mañana del 1 de noviembre. Yo he llegado tarde y ellos también. Pensaba que Puigcerdà estaba más a mano desde Figueres pero el tramo de Ribes de Freser hasta Puigcerdà, plagado de curvas no lo evitas. Además he estado a punto de quedarme sin gasofa.
La idea viene de Josep que se ha comprado una guia especial para bici de montaña y quiere estrenarla aprovechando el puente de Todos los Santos. Yo sólo puedo acompañarles hoy por que el viernes y el sábado curro como un campeón.
Una vez pasado el túnel de Puymorens, ya en Francia, dejamos los coches en la estación de tren de Hospitalet y comenzamos la andadura. Y digo andadura expresamente por que los tres primeros kilómetros (o más, no lo se exacto por que se me ha acabado la pila del contador) los hacemos arrastrando la bici entre barro, cagadas de vaca y piedras.

Llegamos a una pista que nos conduce, paralelamente a la carretera y las vías del tren al pueblo de Mérens-les-Vals. Allí descansamos un poco y preguntamos a la gente por el estado de las pistas hasta Ax-les-Termes, todos aquellos que nos responden ponen cara de "no sabéis donde os habéis metido" pero nos indican amablemente. Desde Mérens sale una pista que es de fácil tránsito hasta unos pocos kilómetros. A partir de quinto, más o menos, no queda más remedio que subir con la bicicleta a cuestas. Ya se está haciendo tarde y me entra el cague. Si queremos llegar antes que caiga la noche nos tenemos que poner las pilas, y el ritmo que llevamos me preocupa. Empiezo a trepar con mi bici y subo y bajo varias veces para ayudar a Marta con su bici. Al final llegamos a una pista que tampoco es muy transitable por la gran cantidad de nieve y hojas que hay.
Mientras empujo me voy acordando de unas palabras que me dijo mi tío Víctor, esta última Navidad, cuando nos encontramos en una situación similar de nieve: "Estás como una cabra!!". Tenemos que seguir empujando las bicicletas hasta que llegamos a un cruce de caminos, Uno sube, el otro sube y el tercero baja. A riesgo de equivocarnos, elegimos el que baja. No nos equivocamos y encontramos bajada hasta Ax-les-Termes. La bajada es heladora. El sol se ha puesto tras las montañas y a pesar del cielo azul da la sensación que ya es de noche.


Yo tengo los pies helados de haber andado tanto rato por la nieve y, sobretodo, del frío aire de la bajada. Los calcetines los tengo mojados.

Vamos directamente a la estación de trenes y preguntamos por el próximo tren. Nos queda un par de horas hasta que pase, así que bebemos unas biéres y comemos unas pizzas antes de tomar el tren camino a los coches. El tren es supermoderno y está muy bien climatizado, la lástima es que no vemos nada de paisaje por que ya es noche cerrada y da la sensación de estar en el metro de alguna ciudad solitaria.
En cuanto llegamos a los coches, Josep, Marta i yo prometemos colgar al tío cabrón que ha escrito la guía.

martes, 2 de octubre de 2007

Santa Susana - Sant Martí del Montnegre

Merecido descanso en Sant Martí de Montnegre

Me despierto por mi propio pié a las 7:30 de un domingo. ¿Esto significa que ya me estoy haciendo viejo?
Ayer, sábado, hice esfuerzos para aguantar despierto todo el partido del Levante Barça que acabó con un 1-4 bastante rotundo. Vuelvo a preguntarme lo mismo ¿me hago mayor?
Bueno, me dejo de cuestiones que supongo que se podrán interpretar de mil formas y dependerán de varios factores en los que no quiero profundizar ahora.
El caso es que el domingo me desperté muy temprano y en vez de volver a la cama (cosa que habría hecho en otra ocasión) me desperezo y corro hacia la televisión para ver que tal le va a Fernando Alonso en la tierra del sol naciente. Allí llueve a cantaros y Alonso ocupa el décimo lugar. Mientras me preparo el desayuno compuesto de galletas, zumos, leche y chocolate Alonso sufre una excursión de la pista impactando contra uno de los muros de protección, quedando su monoplaza totalmente inutilizado. La carrera deja tener interés y me preparo para salir de casa. He quedado en Santa Susana con Carlos Muniesa, excompañero de MBA.
Ya en el coche, en vez de coger la autopista de peaje 7, cojo la N-II. La N-II es un claro ejemplo de historia en estado puro. Esta carretera nace en la misma Puera del Sol de Madrid y acaba en la frontera con Francia después de recorrer casi 8oo kilómetros. No conozco la N-II en su totalidad, pero desde luego no tiene nada que ver el tramo que recorre desde Madrid hasta Alfajarín con el tramo que va desde Barcelona a La Jonquera.
No obstante la carretera a su paso entre Figueres y Girona está pintado con señales amarillas (obras) en gran parte. Es curioso ver cómo a finales de 2007 estamos todavía con una carretera de un solo carril por sentido en casi 80 kilómetros.
A pesar de ser todavía muy temprano, las 8:00 de la mañana, la única alternativa razonable que me lleva hasta Santa Susana (la N-II) resulta ser desesperante tanto por los guiris mañaneros que circulan con sus caravanas a 60 u 80 por hora, como por las obras de ensanche. Así que tardo más de una hora en llegar a mi destino.
Santa Susana suena a paraíso californiano. Sol, playa, palmeras descapotables conducidos por rubias en bikini, casas blancas de estilo colonial. Sólo el sol y la playa coinciden con mi idea previa del lugar.
La excusa que me ha llevado a quedar a esa hora es una ruta en bicicleta por parte del Montnegre.
Después de dar una mínima vuelta en el coche por el pueblo, llego a la plaza central en la que aparco el coche. Mi razonamiento urbanita me dice que encontrarme con Carlos en esta plaza que he encontrado casi al azar es imposible. Sin embargo, justo cuando estoy preparado para llamar por teléfono, Carlos aparece en la plaza con su coche. Una llamadita que me ahorro.
La jornada ciclista comienza después de la puesta a punto de la bici de Carlos, bici que es del siglo pasado pero que mantiene concienzudamente a la perfección. De hecho, la mía, con solo un año chirria más.
Paisaje del Montnegre

El paísaje del Montnegre en su vertiente sur está lleno de altos árboles cubiertos de plantas parásitas que trepan a las copas dando un aspecto totalmente selvático. Por su vertiente obaga, tanto colores, como olores y temperatura cambian radicalmente.
Después de mucho preguntar y casi perdernos, llegamos a Sant Martí de Montnegre atraídos por una señal en la que aparece un tenedor y un cuchillo. Sant Martí de Montnegre es una parada y fonda en toda regla. Manteles de hule, llescas de pan con tomate, escalivada, butifarra con seques y allioli. Después del frugal festival, nos desplazamos a la terracita con vistas en la que nos tomamos un café: Carlos aprovecha para enseñarme sus fotos del viaje que ha hecho este verano por toda la cornisa cantábrica. En pocos minutos recorremos tres mil kilómetros virtualmente a través de la pequeña pantalla de la cámara digital, desde los pirineos aragoneses hasta Asturias pasando por Pamplona, Donosti, Bilbao, Laredo, Santander, Gijón… Buen viaje, por un momento me olvido que estamos en medio de una ruta en bici y que tenemos que volver a los coches antes que se haga demasiado tarde.
La vuelta es más fácil, las piernas nos van solas y noto como ambos dos vamos más ligeros que antes, además ahora estamos bajando, aunque todavía da para toparnos con algunos buenos muros que nos ponen a prueba.
Al final hemos hecho unos 50 y pico kilómetros. Nos merecemos unas cervezas. Propongo alargar la ruta hasta la playa. Allí encontramos un chiriguito que se llama Chiri (creatividad a tope!!) que si que concuerda más con la idea previa que tenía de Santa Susana. Playa, sol, cerveza fría, yates a toda vela.
Ya hemos hecho los deberes, sólo queda volver a casa.

El Chiri de Santa Susana

lunes, 24 de septiembre de 2007

Ruta 8 del Centro BTT Salines Bassegoda

El sábado comenzó con un poco de de dolor de cabeza y tos de finales del resfriado que he sufrido durante toda la semana.
Aún y así, después de un buen desayuno el cuerpo empieza a pedirme marcha y me empiezo a preparar para salir con la bici.
Me disfrazo de ciclista y me dirijo en coche hasta Albanyà. Este pueblo esta a unos 15 kilómetros, en el principio del Vall de la Muga y es donde acaba todo tipo de civilización. Una vez se deja a espaldas Albanyà, todo es subida. Nada más empezar la subida me encuentro con fuertes pendientes sin descanso, así hasta durante los cinco primeros kilómetros. A partir de ahí la pista se divide en dos y se puede seguir subiendo o girar hacia la derecha por donde marca la señal para BTT. Después de un corto repecho empieza una bajada bastante prolongada hacia la otra vertiente del valle. Cuando acaba la bajada comienza una zona de rompepiernas muy divertido que obliga a coger ritmo, incluso levanto el culo del sillín alguna vez. El paisaje es precioso, muy húmedo y bastante frondoso. Hay tramos en que la pista parece una pista de tenis de tierra batida y la rueda se queda rebozada de este polvo. Varias veces hay que cruzar charcos de riachuelos que bajan con agua desde lo alto del monte.
Al cabo de 10 kilómetros se corona una colina en la que hay una casa abandonada, al cabo de poco rato veo llegar a un grupo de ciclistas, les pregunto si voy bien para volver a Albanyà, ellos están haciendo el mismo recorrido que yo pero en sentido contrario. Los más fuertes me dicen que no me queda mucho, los que están más jodidos dicen que me espera una buena todavía. Me invitan a comer con ellos unos macarrones (vienen con coche todo terreno que les hace de escoba, así da gusto. Les doy las gracias y les digo que tengo un poco de prisa y sigo mi ruta.
Después de este descanso sigo bajando durante un buen rato, hay muchas piedras que saltan y golpean violentamente el cuadro, es un milagro que no haya pinchado.
Sigo las indicaciones de l’Hostal de la Muga, pero no encuentro nada que se parezca a un hostal donde haya un posadero que se encargue de servirme una refrescante cerveza de medio litro acompañada de un buen chuletón de vaca autóctona con patatas fritas y unos buenos melocotones ce postre.

¿Dónde esta el hostal de las narices?


Llega un momento en el que hay que subir, subir y subir hasta llegar a la cota 1050 mts. Llegar allí supone invertir más de hora y media. La ascensión se realiza por una típica pista estrecha, muy cubierta por los árboles, que llega a lo más alto de la montaña mediante una serie de “eses” que se suceden sin cesar y siempre con desnivel importante. Cada vez que tuerces por una de las curvas puedes ver lo que te espera hasta la próxima curva y procuro animarme a mi mismo diciéndome: “Va!! Tira!! Que seguro que esa es la última curva”. Pero no es así. Me empiezo a desesperar un poco y además se me está acabando el agua y no quiero beber agua de los riachuelos que te encuentras de vez en cuando, por miedo a una canalera. La subida parece que llega a su fin cuando se llega a un descampado en el que no se puede disfrutar del paisaje debido a la niebla. Me paro y me abrigo pensando que ya he llegado a la cota 1050 prometida. A partir de ese descampado vienen varios tramos llanos combinados con fuertes bajadas. Pero no se tarda mucho en llegar a una nueva serie de subiditas tocapelotas. Al cabo de un par de kilómetros encuentro este indicador y poso con la mejor cara que puedo para inmortalizar el momento del feliz encuentro. Tras repetir la foto cuatro veces, creo que en la que mejor salgo es esta. Las otras fotos creed que dan miedo.



Coll de Bassegoda (1.105 mts.)

Ahora si que ya sólo queda bajada, 12 kilómetros de bajada. Por pista estrecha con múltiples cambios de rasante y un montón de pedruscos que vuelven a atacar violentamente al cuadro y los pedales. A pesar de la horquilla, los brazos me piden un descanso cuando solo he descendido dos kilómetros. Mientras freno oigo “psssssss”. Pinchazo, lo que me faltaba. Cambio la cámara lo más rápido que puedo pero me noto que estoy agotado. Pasa un todo terreno de un cazador. Me ofrece llevarme, pero le digo que ya estoy listo y le doy las gracias.
Monto la rueda otra vez y al cabo de otros dos kilómetros me encuentro un masia en la que hay colgado un cartel que reza “Begudes”, entro y compro una botella de agua. Descanso un poco y contemplo las vistas, desde aquí se puede ver un poco más el valle.


La que te espera chaval!!

Vuelvo a montar en la bici y al cabo de doscientos metros vuelvo a pinchar. No me lo puedo creer. No me queda otra cámara de recambio.
Ahora si que la he cagado. Me quedan unos ocho kilómetros hasta llegar a Albanyà, de bajada eso si.
Pero bajar con las zapatillas con calas para pedal automático es bastante incomodo por que no pisas muy bien y menos en un terreno pedregoso como el de esta pista. Por suerte hay algún tramo de la pista que esté pavimentado con losas de hormigón y entonces me monto en la bici, pero cuando vuelven tramos de tierra tengo que bajar para no cargarme la llanta. Claro que en este hormigón estoy seguro que no le va bien ni a la llanta ni por supuesto a la cubierta, que ya la tendría que haber cambiado hace algunos kilómetros.
Al final llego al coche. Son las cuatro y media de la tarde, desde las once montado en la bici y un total de 53 kilómetros. Vaya contratiempos. Y encima ahora ya he perdido el tren que tiene que llevarme a Barcelona. Tendré que ir en coche. En fin, la etapa a acabado pero el día continúa. Así es la vida.

martes, 5 de junio de 2007

Ascensión frustrada a Rocacorba

Para el día 7 de julio de 2007, un día antes de mi cumple, he decidido empezar mi carrera hacia el Iron Man o al menos para un mísero triatlón.

A sabiendas que dichas proezas no llueven del cielo y que no voy a doparme cual Bjarnes Riis o Marco Pantani de turno, he decidido marcarme una serie de hitos, tanto en bici como natación y carreras de fondo.


Nunca he corrido carreras oficiales de ciclismo y la carrera del 7 de julio próximo es la primera. La organiza el Club Ciclista de Banyoles. Consta de dos recorridos posibles. Yo he decidido inscribirme en el más largo, 146 kilómetros.


Así que ayer decidí coger mi bici y explorar el terreno. Salí desde el Estany de Banyoles, para calentar. Di una vuelta por el carril bici que rodea la totalidad del lago. Una vez rodeado decidí empezar la ruta. La carrera se hace enteramente por carretera, pero opté por desviarme del recorrido oficial y visitar el cráter del volcán de Santa Margarida, paraje ya conocido de pequeño, aunque tenía un recuerdo muy vago.


Oficialmente no se puede ir con bicicleta dentro del parque pero siendo lunes no había ni el Tato vigilando y por supuesto ya me encargaría yo de hacerme el sueco ante un guarda forestal. No he necesitado excusas baratas. En cualquier caso la fuerza de la gravedad impide en muchos de los tramos del volcán andar en bicicleta. La rueda de detrás patina mientras subes. La bajada es otra cosa.


Después de comer en el cráter he iniciado el descenso hacia Olot y después he continuado a Castellfollit de la Roca. Me he tomado otro respiro y he contemplado la vista antes de regresar a Banyoles.


He evitado la ascensión al Alt de Segueró para ahorrar esfuerzos y ser alcanzado por el tormentón que se oía venir desde Oix, una vez en Banyoles (ya muy cascado) he empezado a ascender el Rocacorba, ascensión que parece ser orgullo de los amantes al ciclismo locales.

Encaraba la ascensión a eso de las cuatro y media de la tarde, son unos 15 kilómetros aproximadamente con tramos de fuerte pendiente. La carretera estaba vacía y sólo se oía la tormenta que llegaba inexorable. He cambiado a plato de 22 y he comenzado a jugar con los piñones medios y pequeños. Ya estoy bastante cascao como para tirar con el plato de 32. Desde luego, puedo irme olvidando de utilizar la bici de carretera para hacer esta carrera. Eso si, le tendré que poner cubiertas lisas por que al final te cansas de oír el zumbido de las cubiertas de tacos.

Sigamos la ascensión a Rocacorba. Los tres primeros kilómetros son de broma, pim pam, con la calma. Pero a partir del cuarto la cosa se pone seria y después (no se exactamente cuando) se pone muy feo.

Durante tres kilómetros, el desnivel medio es del 10%. Con 100 km a tus espaldas y siendo un amateur como yo, no te queda más remedio que poner platito de 22 y la corona. A todo esto, la lluvia llegó. Un tío con bici de carrera me pasa enciscao con un plato de 42 sin despeinarse, lo pierdo de vista en pocos segundos, menudo animal.

La lluvia me empieza a empapar y se me acaba el agua. Paro, doy el último trago, respiro hondo varias veces y espero a que el corazón baje de pulsaciones, debo de estar a 160 pulsaciones por minuto y totalmente destrozado, todavía quedan 2,80 kilómetros que pueden suponer una hora más, imposible, me puede dar algo. Rocacorba 1 - Pablo 0.

Me abrigo y bajo mientras llueve a mala leche. Dejo la lluvia a mis espaldas y me da tiempo de llegar al Estany justo a tiempo para sentarme en una terraza con toldo, óptimo para resguardarme de la lluvia, que ahora si que ha llegado a Banyoles. Estoy solo en la terraza. Supongo que normalmente está llena de jubilados franceses tomando Ricard o Pastis. Yo me pido una terrina de helado de turrón con nata, café con leche y copita de Porto, previa explicación al camarero lo que es un Porto. Antojos de aficionado al ciclismo. Vuelvo al coche y despés de varios cd's en el coche y tragarme un señor atasco, llego a casa donde me espera mi sofá. Ni me ducho de lo matao que estoy.