lunes, 16 de junio de 2008

Vall del Corb


Es la hora de cerrar los garitos, de intercambiar teléfonos, de acabar la última copa, buscar un after o simplemente volver a casa a dormir la mona. El sol ya ha salido hace un rato, nosotros hace poco que estamos despiertos y vestidos de faena, colocando las bicis en la baca del coche en la calle Miquel Biada de Mataró. La gente nos mira con una mezcla de sorna y envidia, algunos piensan “vaya moral”, otros, sin saber ni tan siquiera hasta donde tenemos que ir, seguro que creen que somos unos colgaos. Y no les falta razón.

Hoy toca ir hasta Vallfogona del Riu Corb, provincia de Tarragona. Allí se disputa la 3ª marcha BTT de la Vall del Corb. Llegamos con el tiempo justo de recoger los dorsales y preparar la bicis.
Salimos en grupo, en la cola del pelotón. Salimos de Vallfogona dirección Guimerà por la carretera de asfalto y en menos de un kilómetro empezamos a rodar por una pista forestal bastante amplia y llana. Josep me dice que vaya a mi ritmo y que nos vemos en la llegada, así que para calentar pongo el plato pequeño y empiezo a jugar con los piñones pequeños para entonar las piernas y coger un poco de pulsaciones, según el perfil y lo que nos ha comentado la organización los nueve primeros kilómetros son en subida.

Efectivamente los tramos de subida llegan pronto, por suerte no se sufre el típico atasco de comienzo de carrera puesto que el pelotón se ha estirado lo suficiente y la pista es bastante amplia, apto para que quepan dos filas indias por la parte limpia de la pista y otra fila, ésta menos poblada, por la parte sucia, por donde se debe de ir si se quiere adelantar posiciones. Hasta que no empiezo a sudar no me meto por ahí. Pero ya a mitad de subida puedo comenzar a pedalear como un molinero e ir quitándome gente de delante.

Llegamos al primer avituallamiento, donde lleno mi bidón de agua, con las prisas se me había olvidado. Después empieza la primera bajada, al principio por un sendero en el que sólo cabe ir en fila india, aunque siempre hay el típico capullo que, a pesar de ir a 45 por hora, te grita a que quiere pasarte, pienso mientras freno un poco y dejo que me pase “anda, pasa mamón, que cuando te alcance en la subida te vas a comer todos mis pedos”. La primera bajada es trepidante pero dura poco y se convierte en una nueva subida en la que adelanto al pibe de antes, que va medio asfixiado, no le vuelvo a ver el pelo.


Después de esa pequeña subida comienza lo más peculiar de la carrera de hoy: las bajadas, unas pendientes espectaculares por las que tienes que tirar el culo lo más atrás posible, derrapar con la de atrás y frenar lo justo con la delante para ni bloquear ni embalarte. Se debe hacer con cabeza pero sin pensar mucho, almenos bajas las pulsaciones, aunque se debe de hacer mucha fuerza con los brazos. Hay mucha gente que no lo ve claro y te dejan pasar, hace un año no me atrevía a bajar por esos sitios, pero se notan los kilómetros de rodaje.

Por cierto, la bici, después de la Cabrerés, me la han dejado como nueva, nuevos cambios, nuevos frenos y sin barro es una delicia montar.

El caso es que hay unas tres subidas más, todas considerables y conectadas por bajadas igual de técnicas. Antes de llegar al pueblo y de la última subidita tenemos un tramo de llaneo en el que pongo el plato grande y ruedo a tope. Una vez en el pueblo sólo queda bajar una escalinata en la que todavía me da tiempo de quitarle las pegatinas a alguien. A la llegada me bajo de la bici y la aparco para su merecido descanso. Yo empiezo a refrescarme con estrellas y espero a los demás en la parte de las escaleras para hacer unas fotos. En esta foto vemos a Josep apisonando las escaleras.

Después de comer queda lo más rollo, cruzar casi toda Catalunya en coche, pero que forma parte del entrenamiento para mi próximo reto: Pedals de Foc Nonstop Or.